Enfermedades y afecciones
Artritis reumatoide
La artritis reumatoide (AR) es un tipo de artritis inflamatoria. Se trata de una enfermedad crónica que puede provocar dolor y rigidez en múltiples articulaciones de todo el cuerpo. Puede afectar a cualquier articulación, pero suele aparecer primero en las articulaciones pequeñas de las manos y los pies. En muchos casos, la artritis reumatoide afecta a las articulaciones de ambos lados del cuerpo; por ejemplo, a ambas rodillas o a ambas manos.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, aproximadamente 1,5 millones de adultos en Estados Unidos padecen artritis reumatoide, y cada año se diagnostica esta enfermedad a 71 de cada 100 000 personas.
Las mujeres tienen entre dos y tres veces más probabilidades de padecer artritis reumatoide que los hombres. Y aunque los síntomas suelen aparecer con mayor frecuencia entre los 30 y los 60 años, también pueden verse afectadas personas más jóvenes.
A los niños y adolescentes con síntomas similares se les suele diagnosticar artritis juvenil, que también es una enfermedad autoinmune. Existen varios tipos de artritis juvenil; sin embargo, casi todos ellos son distintos de la artritis reumatoide que se da en los adultos. Por este motivo, el término «artritis reumatoide juvenil (ARJ)» ya no se utiliza de forma generalizada y, en su lugar, se conoce como artritis idiopática juvenil (AIJ).
Con el tiempo, la artritis reumatoide no tratada provoca daños en las articulaciones y puede dar lugar a una discapacidad grave. Afortunadamente, los nuevos medicamentos suelen prevenir hoy en día la progresión del daño articular. Las deformidades articulares graves que suelen asociarse a la AR —como los dedos y las articulaciones torcidos o curvados— son cada vez menos frecuentes gracias a estos avances en el tratamiento.
Aunque no existe cura para la artritis reumatoide, el diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado suelen prevenir la destrucción articular y otras complicaciones.
En el caso de las articulaciones gravemente afectadas por la artritis reumatoide a pesar del tratamiento médico, existen intervenciones ortopédicas que pueden mejorar considerablemente la función, la movilidad y la calidad de vida en general.
Anatomía
Una articulación es el punto en el que se unen los extremos de dos o más huesos. Existen diferentes tipos de articulaciones en el cuerpo; el tipo más común es la articulación sinovial. Este tipo de articulaciones —como la rodilla, la cadera y el hombro— están estructuradas para permitir el movimiento.
En una articulación sinovial, unos tejidos conectivos resistentes llamados ligamentos y tendones unen los huesos entre sí y a los músculos circundantes que estabilizan la articulación. Los extremos de los huesos están recubiertos por una capa de cartílago articular, un tejido resbaladizo que ayuda a que los huesos se deslicen fácilmente unos sobre otros durante el movimiento.
Las articulaciones sinoviales están recubiertas por una fina capa de tejido denominada sinovial. La sinovial produce ácido hialurónico y otras sustancias que lubrican la articulación y facilitan su movimiento.
Los tendones que discurren por túneles estrechos (denominados vainas tendinosas) también están rodeados de membrana sinovial, que les ayuda a deslizarse por el interior de dichos túneles. Estas vainas se encuentran en los dedos de las manos, las muñecas, los tobillos y los dedos de los pies. El tejido sinovial que se encuentra dentro de las vainas tendinosas se denomina tenosinovial. La artritis reumatoide puede afectar en ocasiones a la tenosinovial y provocar inflamación en las vainas tendinosas. Cuando esto ocurre, el tejido tenosinovial puede invadir y dañar los tendones, y estos pueden romperse (desgarro parcial o completo).
Descripción
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune. Esto significa que, en lugar de proteger al organismo de las infecciones, ciertas células del sistema inmunitario comienzan a atacar el tejido sano. En el caso de la AR, las células inmunitarias atacan el tejido sinovial que recubre las articulaciones y/o la tenosinovial dentro de las vainas tendinosas.
Cómo ocurre
En la AR, las células inmunitarias liberan sustancias que inflaman la membrana sinovial, provocando su engrosamiento e hinchazón. A medida que la enfermedad avanza, la membrana sinovial anómala invade los tejidos circundantes y produce sustancias químicas que destruyen el cartílago y el hueso de la superficie articular.
Los ligamentos, tendones y músculos que sostienen la articulación también pueden resultar dañados. La tenosinovial también puede verse afectada por la inflamación provocada por la artritis reumatoide. El tejido tenosinovial puede invadir y dañar los tendones, y estos pueden romperse (desgarrarse). Esto suele ocurrir en las manos. A veces, el primer síntoma de la artritis reumatoide es la hinchazón y la inflamación de los compartimentos tendinosos de la mano.
El debilitamiento de los ligamentos puede provocar:
- Deformidad articular
- Contracturas (una contracción permanente que provoca que la articulación se acorte y se vuelva rígida)
- Aumento del dolor
La artritis reumatoide también puede causar daños en los vasos sanguíneos, la piel, los pulmones, los ojos, el corazón y el sistema nervioso. Puede provocar una disminución de la densidad ósea y osteoporosis.
El diagnóstico y el tratamiento tempranos de la AR pueden ayudar a controlar la enfermedad y a prevenir daños permanentes en las articulaciones y otras estructuras.
Causa
Se desconoce la causa exacta de la AR. No se trata de una enfermedad hereditaria; sin embargo, los investigadores creen que algunas personas tienen genes que las hacen vulnerables a la enfermedad. Los médicos sospechan que se necesita un «desencadenante» químico o ambiental para activar la enfermedad en las personas portadoras de esos genes. Cuando el organismo se expone a este desencadenante, el sistema inmunitario responde de forma anómala. Las infecciones y el tabaquismo son dos posibles desencadenantes.
Síntomas
La AR afecta a cada persona de forma diferente, con síntomas que pueden variar de leves a graves. Muchas personas presentan síntomas leves de forma continua a lo largo de su vida, con brotes ocasionales de síntomas más dolorosos.
Los síntomas más comunes de la artritis reumatoide son:
- Dolor
- Fatiga
- Rigidez, especialmente la rigidez matutina, que puede durar horas
- Hinchazón en más de una articulación; las articulaciones pueden doler incluso en reposo
Otros síntomas de la artritis reumatoide son:
- Una sensación de calor alrededor de la articulación
- Síntomas que afectan a todo el cuerpo, como fiebre, pérdida de apetito y falta de energía
- Debilidad debida a un recuento bajo de glóbulos rojos (anemia)
- Nódulos o bultos, especialmente alrededor del codo
- Deformidades y contracturas articulares (en casos de enfermedad de larga duración)
- Dolor de pies, juanetes y dedos en martillo (en casos de enfermedad crónica)
Los pacientes con artritis reumatoide grave suelen presentar afectación en múltiples articulaciones de las manos, los brazos, las piernas y los pies. Las articulaciones del cuello también pueden verse afectadas.
Revisión médica
No existe una prueba o un hallazgo concreto que confirme la artritis reumatoide, por lo que los médicos se basan en el historial médico del paciente, la exploración física y varias pruebas de laboratorio para descartar otras enfermedades y establecer un diagnóstico.
Historial médico
Dado que los síntomas suelen aparecer de forma gradual con el paso del tiempo, la artritis reumatoide puede resultar difícil de diagnosticar en sus primeras fases.
Durante la consulta, su médico le hará un historial médico completo, en el que le preguntará, entre otras cosas, sobre:
- Tu estado de salud general
- Los medicamentos que toma
- Tu dolor articular y otros síntomas: cuándo comenzaron y si han cambiado con el tiempo
- Tanto si usted como algún miembro de su familia tiene antecedentes de artritis o de alguna enfermedad autoinmune
Exploración física
Durante la exploración física, el médico comprobará lo siguiente:
- Síntomas de la artritis reumatoide, como articulaciones inflamadas o dolorosas al tacto, limitación de la movilidad articular y deformidades tempranas.
- Síntomas de inflamación de las vainas tendinosas en las manos o las muñecas
- Roturas de tendones (roturas completas o parciales)
El médico examinará ambos lados del cuerpo, ya que la artritis reumatoide suele presentarse de forma bilateral (en ambos lados).
Pruebas de laboratorio
Algunos análisis de sangre pueden revelar signos de artritis reumatoide:
- El factor reumatoide, un anticuerpo presente en aproximadamente el 85 % de las personas con artritis reumatoide.
- Anticuerpos anti-CCP. Estos anticuerpos contra el péptido/proteína citrulinada cíclica se detectan en muchas personas con AR y son más específicos de la AR que el factor reumatoide.
- Velocidad de sedimentación globular (VSG) o proteína C reactiva (PCR). Se trata de análisis habituales que se utilizan para medir la inflamación en el organismo. La VSG y/o la PCR suelen estar elevadas en las personas con AR.
Si se analizan en conjunto, estos análisis de sangre resultan muy útiles para diagnosticar la AR. Es importante señalar que es posible tener unos resultados normales en los análisis de sangre (factor reumatoide negativo) y, aun así, padecer artritis reumatoide. Cuando esto ocurre, se denomina artritis reumatoide seronegativa.
Pruebas de diagnóstico por imagen
Radiografías. Las radiografías permiten obtener imágenes de estructuras densas, como los huesos. Dado que el daño óseo y articular se produce en fases más avanzadas de la enfermedad, es posible que las radiografías no resulten muy útiles para detectar la AR en sus primeras etapas, aunque en una radiografía convencional sí se puede observar la inflamación de los tejidos blandos alrededor de una articulación.
No obstante, es posible que tu médico utilice radiografías para descartar otros posibles diagnósticos. Y si padeces AR, es posible que tu médico te haga radiografías periódicas para controlar la evolución de la enfermedad.
Criterios para el diagnóstico de la artritis reumatoide en fase inicial
Para ayudar a evitar que la artritis reumatoide (AR) derive en daños articulares, el Colegio Americano de Reumatología ha elaborado unos criterios específicos y exhaustivos destinados a orientar a los médicos en el diagnóstico de la AR en las primeras fases de la enfermedad.
En general, se puede diagnosticar la AR si se cumplen los siguientes criterios:
- Artritis inflamatoria en tres o más articulaciones
- Síntomas de artritis que han durado al menos 6 semanas
- Prueba serológica positiva: presencia de factor reumatoide en el análisis de sangre y/o resultado positivo en la prueba anti-CCP
- Velocidad de sedimentación globular (VSG) elevada o proteína C reactiva (PCR) elevada
- Se han descartado otras posibles causas de los síntomas
Si tu médico sospecha que padeces artritis reumatoide, es posible que te derive a un reumatólogo. Aunque tus síntomas y los resultados de la exploración física y las pruebas puedan ser compatibles con la artritis reumatoide, un reumatólogo podrá determinar el diagnóstico concreto. Existen otros tipos de artritis inflamatoria menos comunes que deben tenerse en cuenta.
Tratamiento
Aunque no existe cura para la artritis reumatoide, hay muchas opciones de tratamiento que pueden ayudar a aliviar el dolor articular y mejorar la funcionalidad.
El tratamiento médico es fundamental para prevenir el avance de la enfermedad, pero suele ser necesario recurrir a la cirugía cuando la persona presenta una destrucción articular dolorosa o roturas tendinosas.
La artritis reumatoide suele ser tratada por un equipo de profesionales sanitarios. Entre estos profesionales pueden figurar médicos de familia, cirujanos ortopédicos, reumatólogos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales y especialistas en rehabilitación.
Medicamentos y tratamiento médico
Los medicamentos que se utilizan para controlar la artritis reumatoide se dividen en dos categorías:
- Los que alivian los síntomas
- Los que pueden modificar el curso de la enfermedad (DMARD), cuyo tratamiento suele estar a cargo de un reumatólogo
A menudo, los medicamentos para aliviar los síntomas y los farmacoterápicos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) se utilizan conjuntamente para reducir las dosis de los fármacos más potentes, así como para complementar el plan de tratamiento durante los brotes de artritis reumatoide. El cirujano ortopédico o el médico de cabecera pueden recetar medicamentos para aliviar los síntomas hasta que el paciente haya sido evaluado y derivado a un reumatólogo.
Los investigadores también están trabajando en agentes biológicos capaces de frenar el avance de la enfermedad. Estos agentes actúan sobre sustancias químicas específicas del organismo para impedir que afecten a las articulaciones.
Medicamentos para aliviar los síntomas de la artritis reumatoide
Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE).Los medicamentos antiinflamatorios como el naproxeno y el ibuprofeno pueden aliviar el dolor y ayudar a reducir la inflamación. Los AINE se pueden adquirir tanto sin receta como con receta médica.
Corticoesteroides.Los medicamentos como la prednisona son potentes antiinflamatorios. Se pueden tomar por vía oral (comprimidos) o inyectarse en una articulación inflamada o en la vaina de un tendón. Debido a los efectos secundarios asociados al uso prolongado de los corticoesteroides, por lo general se recetan para un tratamiento a corto plazo.
Aunque el tratamiento con AINE o corticosteroides a corto plazo puede aliviar los síntomas, no detendrá la progresión de la enfermedad. Existen medicamentos específicos, denominados fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME), diseñados para impedir que el sistema inmunitario destruya las articulaciones. El uso adecuado de estos medicamentos debe ser supervisado por un reumatólogo.
Medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME)
Los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAMRE) ayudan a frenar el avance de la artritis reumatoide al reducir la respuesta inmunitaria excesiva del organismo. Reducen la inflamación, previenen el daño articular y alivian los síntomas dolorosos.
Hay dos tipos de DMARD:
- Tipos convencionales no biológicos
- Nuevos agentes biológicos
Aunque ambos tipos actúan sobre el sistema inmunitario, los medicamentos biológicos se dirigen a tipos específicos de células inmunitarias.
Fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) no biológicos. Existen muchas opciones de FAME no biológicos para tratar la artritis reumatoide. Por lo general, se presentan en forma de comprimidos y, en ocasiones, se toman solo una vez a la semana.
Estos FAME convencionales no proporcionan un alivio inmediato de los síntomas; pueden pasar semanas o meses antes de que se pueda determinar si el medicamento te está haciendo efecto. Mientras tanto, es posible que tu médico siga recetándote un antiinflamatorio no esteroideo de acción más rápida o un corticosteroide, como la prednisona. Por lo general, se retira progresivamente (reduciendo la dosis poco a poco con el tiempo) el tratamiento con antiinflamatorios una vez que el FAME ha tenido tiempo de surtir efecto.
Se puede utilizar más de un fármaco antirreumático de acción prolongada (DMARD) al mismo tiempo o incorporarlo a su plan de tratamiento si es necesario. Su médico controlará sus síntomas y colaborará con usted a lo largo del tiempo para determinar el enfoque más eficaz.
Los FAME no biológicos más utilizados son:
- Metotrexato
- Sulfasalazina
- Hidroxicloroquina
- Leflunomida
Entre los DMARD que se utilizan en pacientes cuya enfermedad no responde al tratamiento inicial se incluyen:
- Azatioprina
- Ciclosporina; sin embargo, estos fármacos han perdido popularidad debido a la disponibilidad de otros más nuevos y eficaces (que se enumeran a continuación)
Fármacos biológicos modificadores de la enfermedad (FME). Los FME biológicos previenen el daño articular al bloquear la activación de determinados tipos de células inmunitarias que estimulan la inflamación. Los distintos tipos de fármacos biológicos actúan sobre células específicas implicadas en el proceso inflamatorio.
Aunque son más caros que los DMARD convencionales, los fármacos biológicos actúan rápidamente para reducir la actividad inmunitaria e inflamatoria excesiva del organismo. Sus efectos se notan entre 2 y 6 semanas después de iniciar el tratamiento.
En la mayoría de los casos, los fármacos biológicos se recetan cuando los síntomas de la artritis persisten tras el tratamiento con FAME convencionales. Para muchos pacientes, la combinación de un FAME convencional (normalmente metotrexato) y un fármaco biológico permite controlar eficazmente los síntomas y prevenir el daño articular.
Los agentes biológicos suelen administrarse por vía subcutánea (bajo la piel) o intravenosa (a través de un catéter insertado en una vena).
- Las inyecciones subcutáneas suelen administrarlas en casa el propio paciente o un cuidador.
- Los medicamentos intravenosos (IV) se administran en la consulta del médico responsable del tratamiento, en un hospital o en un centro de infusión.
Los fármacos biológicos más utilizados y eficaces, aprobados por la FDA para el tratamiento de la AR, son los inhibidores del factor de necrosis tumoral (anti-TNF). Estos medicamentos reducen la inflamación al bloquear el factor de necrosis tumoral, un tipo de proteína que activa la inflamación durante la respuesta inmunitaria.
- Etanercept: se administra por vía subcutánea una vez a la semana
- Adalimumab: se administra por vía subcutánea cada dos semanas
- Infliximab: se administra por vía intravenosa cada 6 u 8 semanas
- Certolizumab pegol: se administra por vía subcutánea cada 2 a 4 semanas
- Golimumab: se administra por vía subcutánea una vez al mes
- Simponi ARIA: se administra por vía intravenosa cada 8 semanas
Existen otros agentes biológicos menos habituales que pueden interrumpir el proceso inflamatorio, entre ellos:
- Tocilizumab (Actemra)
- Sarilumab (Kevzara)
- Abatacept (Orencia)
Estos también se administran por vía subcutánea o intravenosa cada pocas semanas.
Inhibidores de la Janus quinasa (JAK). Existe un nuevo grupo de DMARD denominado inhibidores de la JAK. Entre ellos se incluyen:
- Tofacitinib (Xeljanz)
- Upadacitinib (Rinvoq)
- Baricitinib (Olumiant)
Estos medicamentos tienen la ventaja de presentarse en forma de pastillas.
Posibles efectos secundarios de los DMARD y los inhibidores de JAK
Cada fármaco antirreumático de acción prolongada (FARMP), tanto convencional como biológico, tiene sus propios efectos secundarios. Entre los efectos secundarios de los FARMP convencionales se incluyen:
- Hipertensión
- Daño hepático
- Náuseas
- Mayor riesgo de infecciones graves; este es uno de los principales riesgos del tratamiento con cualquier fármaco antirreumático modificador de la enfermedad (FAME), ya que estos fármacos inhiben la respuesta inflamatoria del organismo —que es el mecanismo normal que utiliza el cuerpo para combatir las infecciones—
Muchos pacientes que utilizan medicamentos biológicos sufren irritación cutánea en el lugar de la inyección.
Además de los riesgos habituales asociados a los DMARD, las personas que toman inhibidores de JAK corren el riesgo adicional de desarrollar coágulos sanguíneos en los vasos sanguíneos.
Los pacientes deben someterse a una evaluación antes de iniciar el tratamiento con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) para descartar contraindicaciones de los medicamentos (es decir, que el paciente no deba tomar un determinado medicamento debido al daño que le causaría) y a un seguimiento durante el tratamiento para detectar posibles efectos secundarios graves.
Además, antes de recetarles estos medicamentos, se realiza a los pacientes un cribado para detectar infecciones, como la hepatitis B y C y la tuberculosis.
Hable con su médico sobre todos los medicamentos que forman parte de su plan de tratamiento para asegurarse de que comprende los posibles efectos secundarios y de que está preparado para comunicárselos rápidamente en caso de que se produzcan.
Cómo elegir el medicamento adecuado para tu artritis reumatoide
Dado que actualmente hay tantos medicamentos diferentes disponibles para tratar la artritis reumatoide, la decisión sobre qué medicamentos utilizar depende de varios factores, entre ellos:
- Gravedad de la enfermedad
- Respuesta al tratamiento
- Coste
- Efectos secundarios
- Otras enfermedades preexistentes o problemas médicos
Fisioterapia y ejercicio
El ejercicio es una parte importante de un programa de tratamiento. El médico y el fisioterapeuta pueden colaborar con los pacientes para elaborar un programa de ejercicios que ayude a fortalecer los músculos que rodean las articulaciones afectadas sin sobrecargarlas.
En algunos casos, el médico puede recomendarle el uso de férulas o aparatos ortopédicos para las extremidades superiores (brazos) o inferiores (piernas) en articulaciones concretas, con el fin de reducir la tensión en las articulaciones y prevenir deformidades.
Tratamiento quirúrgico
Es posible que su médico le recomiende una intervención quirúrgica ortopédica, dependiendo de la gravedad del daño en el cartílago y de su respuesta a los tratamientos no quirúrgicos.
Sinovectomía
En una sinovectomía, se extirpa la membrana sinovial de la articulación dañada por la artritis reumatoide para reducir el dolor y la inflamación.
La sinovectomía puede resultar eficaz si la enfermedad se limita a la membrana sinovial y aún no ha afectado gravemente al cartílago articular que recubre los huesos. Por lo general, esta intervención se utiliza para tratar únicamente las fases iniciales de la AR. La sinovitis puede reaparecer (recurrir) a menos que se mantenga un tratamiento médico adecuado. Gracias a los nuevos tratamientos médicos disponibles en la actualidad, la sinovectomía se requiere con menos frecuencia.
Cirugía de tendones
Si se produce una rotura de tendones, la cirugía reconstructiva puede restablecer la función. Las reparaciones o los trasplantes de tendones pueden dar muy buenos resultados en la mano.
Los dedos en gatillo y la tenosinovitis en la mano y la muñeca pueden requerir:
- Liberación parcial de túneles estrechos
- Extirpación parcial del tendón flexor en el dedo
- Tenosinovectomía para prevenir las roturas de tendones
Reequilibrio articular
En las primeras fases de la artritis reumatoide, las articulaciones, especialmente las pequeñas articulaciones de las manos y los dedos, pueden perder firmeza y equilibrio, lo que provoca deformidades y contracturas (cuando el tejido se vuelve rígido, se contrae o se acorta) que dificultan su funcionamiento.
Si el cartílago sigue intacto, el cirujano puede realizar intervenciones para liberar estructuras tensas, transferir tendones y tensar ligamentos flojos con el fin de reequilibrar la alineación de la articulación y mejorar su funcionamiento. El reequilibrio de las articulaciones de mayor tamaño es necesario durante la artroplastia para corregir deformidades y contracturas.
Fusión
La artrodesis de las articulaciones afectadas es el tipo de intervención quirúrgica más habitual en la artritis reumatoide. La artrodesis consiste en unir los dos huesos que forman una articulación para convertirlos en uno solo. Las artrodesis se realizan principalmente en las articulaciones del pie y de la mano, ya que permiten aliviar los síntomas sin comprometer la funcionalidad.
- Durante la intervención quirúrgica, se expone la articulación en cuestión y se extirpa el cartílago dañado restante de ambos lados de la articulación.
- Los extremos de los dos huesos se moldean para que encajen perfectamente entre sí y, a continuación, se fijan con tornillos o con una combinación de tornillos y placas. Esto evita que los huesos se desplacen y permite que los vasos sanguíneos y las células que forman hueso nuevo atraviesen la zona de fusión.
- Durante el proceso de curación, el cuerpo forma hueso nuevo entre los huesos, uniendo ambos huesos firmemente.
La cirugía de fusión elimina el movimiento de la articulación, pero los pacientes a menudo no notan la falta de movilidad porque la fusión hace que la articulación duela menos y sea más estable, lo que mejora su funcionamiento. Los cirujanos ortopédicos están capacitados para elegir la posición —el ángulo o la alineación— de la articulación fusionada que proporcione el mejor funcionamiento.
Cuando es posible realizar una artroplastia, rara vez se llevan a cabo fusiones en las articulaciones grandes del codo, el hombro, la cadera y la rodilla, debido a la importancia que tiene su movilidad para un buen funcionamiento. La artroplastia de tobillo también se ha convertido en una opción viable.
Cirugía de sustitución de articulaciones
La cirugía de sustitución articular suele ser eficaz para recuperar el movimiento articular sin dolor. Durante esta intervención, el médico extirpa el cartílago y el hueso dañados y, a continuación, coloca nuevas superficies articulares de metal o plástico para restablecer la función de la articulación.
Especialmente en la mano, una combinación de fusiones de pequeñas articulaciones específicas y/o de prótesis articulares mejora significativamente la funcionalidad. En el caso de las articulaciones principales, como el codo, el hombro, la cadera y la rodilla, estas intervenciones pueden marcar la diferencia entre la discapacidad y una vida activa.
Preparación para la cirugía
Muchos de los medicamentos que ayudan a tratar la artritis reumatoide también afectan a la capacidad del organismo para curar heridas y combatir las infecciones. Pregunta a tu reumatólogo qué medicamentos debes dejar de tomar antes de la intervención quirúrgica y cuándo debes volver a tomarlos. Tu cirujano también colaborará con tu reumatólogo o médico de cabecera para determinar cuáles de tus medicamentos deberán suspenderse antes de la intervención.
Los pacientes que padecen artritis reumatoide en la columna cervical (cuello) pueden presentar una peligrosa laxitud (falta de firmeza) en los ligamentos que rodean las dos primeras vértebras cervicales. Esto se puede observar en las radiografías preoperatorias. Si usted padece este problema y le van a administrar anestesia general, su anestesista tomará precauciones especiales a la hora de colocar su cabeza y su cuello.
Al igual que con cualquier cirugía ortopédica, fumar es un factor de riesgo de infección postoperatoria. Es muy importante que colabores con tus médicos para que te ayuden a dejar de fumar o a reducir tu consumo de nicotina antes de la cirugía. Más información: Cirugía y tabaquismo
Resultados
La artritis reumatoide puede provocar una amplia variedad de síntomas incapacitantes. Hoy en día, los nuevos medicamentos pueden prevenir el avance de la enfermedad y la destrucción articular. El diagnóstico y el tratamiento tempranos pueden ayudar a preservar las articulaciones.
En los casos en los que se produce un daño articular grave, la cirugía puede ayudar a aliviar el dolor, mejorar la movilidad y permitirle volver a disfrutar de las actividades cotidianas.
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La AAOS no respalda ningún tratamiento, procedimiento, producto ni médico mencionado en este documento. Esta información se facilita con fines educativos y no pretende constituir un consejo médico. Cualquier persona que necesite asesoramiento o asistencia ortopédica específica debe consultar a su cirujano ortopédico o buscar uno en su zona a través del programa «Buscar un ortopedista» de la AAOS, disponible en este sitio web.