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Fracturas acetabulares

 

Una fractura acetabular es una rotura de la cavidad acetabular de la articulación de la cadera, que tiene una estructura de «bola y cavidad». Estas fracturas de la cavidad acetabular no son frecuentes; se producen con mucha menos frecuencia que las fracturas de la parte superior del fémur o de la cabeza femoral (la «bola» de la articulación).

La mayoría de las fracturas acetabulares se deben a algún tipo de traumatismo de alta energía, como un accidente de tráfico. A menudo, los pacientes presentan lesiones adicionales que requieren tratamiento inmediato.

En un número menor de casos, un accidente de baja energía, como una caída desde la posición de pie, puede provocar una fractura acetabular en una persona mayor con huesos más frágiles. Las personas con osteoporosis tienen un mayor riesgo de sufrir fracturas acetabulares a raíz de accidentes de baja energía.

El tratamiento de las fracturas acetabulares suele implicar una intervención quirúrgica para restablecer la anatomía normal de la cadera y estabilizar la articulación.

Anatomía

La cadera es una de las articulaciones más grandes del cuerpo. Se trata de una articulación de tipo «bola y cavidad».

  • La cavidad está formada por el acetábulo, que forma parte de la pelvis.
  • La cabeza es la cabeza femoral, que es el extremo superior del fémur (hueso del muslo).
Anatomía normal de la cadera

El acetábulo es la «cavidad» de la articulación de la cadera, que funciona como una «articulación esférica».

Anatomía normal de la cadera, vista lateral

En una cadera sana, la cabeza del fémur encaja perfectamente en la cavidad acetabular y gira con facilidad sobre el cartílago liso que la recubre.

Las superficies óseas de la articulación esférica están recubiertas de cartílago articular, una sustancia lisa y resbaladiza que protege y amortigua los huesos y les permite moverse con facilidad.


Unas bandas de tejido llamadas ligamentos conectan un hueso con otro. Estos ligamentos contribuyen a la funcionalidad y la estabilidad de la articulación de la cadera, lo que le permite moverse sin salirse de la cavidad articular.

Los ligamentos, los músculos y los nervios de la pelvis y la articulación de la cadera
Los ligamentos, músculos y nervios que rodean la pelvis y la articulación de la cadera. En la parte derecha de este dibujo, se han «seccionado» las capas anatómicas para mostrar con mayor claridad todas las estructuras.
Reproducido con permiso de JF Sarwark, ed.: Essentials of Musculoskeletal Care, 5.ª ed. Rosemont, IL, Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, 2016.

Descripción

Las fracturas acetabulares pueden presentar diversas formas. Por ejemplo, el hueso puede romperse en línea recta a lo largo de la cavidad o fragmentarse en muchos pedazos. Cuando se fractura el acetábulo, es posible que la cabeza femoral ya no encaje firmemente en la cavidad y que se dañe la superficie cartilaginosa de ambos huesos.

Si la articulación sigue siendo irregular o inestable, el daño continuo del cartílago en las superficies puede provocar artritis.

Gravedad

La gravedad de la lesión depende de varios factores, entre ellos:

  • El número y el tamaño de los fragmentos de la fractura
  • El grado de desplazamiento de cada fragmento: en algunos casos, los extremos rotos de los huesos encajan correctamente; en fracturas más graves, puede haber un gran espacio entre los fragmentos, o estos pueden solaparse entre sí
  • El daño en las superficies cartilaginosas tanto del acetábulo como de la cabeza del fémur
  • El daño en los músculos, tendones, nervios y piel circundantes

Patrón de lesiones

La anatomía de la pelvis proporciona soporte óseo tanto a la parte delantera (anterior) como a la trasera (posterior) de la cavidad acetabular. Los cirujanos ortopédicos han identificado varios tipos diferentes de fracturas acetabulares. Estos tipos de fracturas se clasifican en función de:

  • Localización: por ejemplo, una fractura en la columna anterior (delantera) o posterior (trasera) del hueso, o en la zona que rodea el borde óseo (pared) del acetábulo
  • Orientación —como una fractura que atraviesa el hueso en línea recta—

Las fracturas acetabulares también pueden presentarse en una combinación de patrones. Conocer la gravedad y el patrón específico de su fractura ayudará a su médico a determinar el tratamiento más adecuado.

Las columnas anterior (delantera) y posterior (trasera) del acetábulo.

Las columnas anterior (delantera) y posterior (trasera) del acetábulo.

Entre los patrones habituales de fractura acetabular se incluyen:

Fracturas de la pared anterior y la columna anterior del acetábulo

(Izquierda) Fractura de la pared anterior
(Derecha) Fractura de la columna anterior

 

Fracturas de la pared posterior y la columna posterior del acetábulo

(Izquierda) Fractura de la pared posterior
(Derecha) Fractura de la columna posterior

 

Fracturas transversales y en forma de T del acetábulo

(Izquierda)Fractura transversal (transversal) de la pared posterior (Derecha) Fractura en forma de T

Causa

Una fractura acetabular se produce cuando una fuerza empuja la cabeza del fémur contra el acetábulo. Esta fuerza puede transmitirse:

  • Por un golpe en la rodilla (por ejemplo, al golpearse la rodilla contra el salpicadero en una colisión frontal)
  • Desde un lado (por ejemplo, al caerse de una escalera directamente sobre la cadera).

Dependiendo de la dirección de la fuerza, en ocasiones la cabeza del fémur sale de la cavidad de la cadera, una lesión conocida como luxación de cadera.


Cuando la fractura se debe a un impacto de gran intensidad, los pacientes pueden presentar otras lesiones graves que requieran atención urgente.

Las fracturas acetabulares suelen estar causadas por una debilidad o insuficiencia ósea. Esto es más frecuente en pacientes de edad avanzada cuyos huesos se han debilitado a causa de la osteoporosis. Aunque estos pacientes no suelen presentar otras lesiones, pueden padecer problemas médicos que complican su estado, como enfermedades cardíacas o diabetes.

Síntomas

Una fractura de acetábulo suele ser dolorosa en casi todos los casos. El dolor suele estar localizado (limitado) a la zona de la ingle o la cadera y se intensifica con el movimiento.

Si la lesión ha provocado daños nerviosos, el paciente puede sentir entumecimiento, debilidad o una sensación de hormigueo en la pierna.

Revisión médica

Estabilización de urgencia

Los pacientes con fracturas provocadas por traumatismos de alta energía casi siempre acudirán o serán trasladados a un servicio de urgencias para recibir tratamiento inicial, debido a la gravedad de sus síntomas.

Además, los pacientes con estas lesiones suelen presentar otras lesiones, como las de cabeza, tórax, abdomen o piernas. 

Exploración física

Tu médico:

  • Realice un examen exhaustivo de la pelvis, las caderas y las piernas. 
  • Comprueba si puedes mover los tobillos y los dedos de los pies, y si tienes sensibilidad en la planta de los pies. En algunos casos, los nervios pueden resultar lesionados al mismo tiempo que se fractura el acetábulo.
  • Examínate con cuidado el resto del cuerpo para ver si tienes alguna otra lesión.

Pruebas de diagnóstico por imagen

Radiografías. Las radiografías permiten obtener imágenes de estructuras densas, como los huesos. Las radiografías de las fracturas acetabulares se realizan desde varios ángulos diferentes para mostrar el patrón de la fractura y el grado de desplazamiento de los huesos.

Tomografía computarizada (TC). Debido a la compleja anatomía de la pelvis, es habitual solicitar una tomografía computarizada en caso de fracturas acetabulares. La tomografía computarizada proporcionará a su médico una imagen transversal más detallada de la cadera y puede resultar útil para la planificación preoperatoria.

Radiografía y reconstrucción tridimensional por tomografía computarizada de una fractura acetabular

(Izquierda) Esta radiografía muestra una fractura de la «pared» frontal del hueso que sostiene la cavidad de la cadera. (Derecha) Las grietas y las superficies irregulares de la misma fractura se aprecian con mayor claridad en esta reconstrucción tridimensional obtenida mediante tomografía computarizada.

Tratamiento

Tu cirujano ortopédico tendrá en cuenta varios aspectos a la hora de planificar tu tratamiento, entre ellos:

  • El patrón específico de la fractura
  • En qué medida los huesos están desplazados
  • Tu estado de salud general, incluyendo si padeces osteoporosis o cualquier otra afección médica, como enfermedades cardíacas o diabetes

Tratamiento no quirúrgico

El tratamiento no quirúrgico puede recomendarse para

  • Fracturas estables en las que los huesos no están demasiado desplazados.
  • Pacientes con mayor riesgo de sufrir complicaciones quirúrgicas. Por ejemplo, es posible que los pacientes con osteoporosis grave, enfermedades cardíacas, diabetes u otros problemas médicos no puedan soportar la intervención quirúrgica.

El tratamiento no quirúrgico puede incluir:

  • Ayudas para caminar. Para evitar apoyar el peso sobre la pierna, es posible que el médico te recomiende utilizar muletas o un andador durante un máximo de tres meses, o hasta que los huesos se hayan curado por completo.
  • Ayudas para el posicionamiento. Si a tu médico le preocupa la inestabilidad articular —es decir, que la cabeza femoral se deslice dentro de la cavidad articular o se salga de ella—, es posible que te imponga restricciones en la posición de la cadera, limitando el grado de flexión permitido. Un dispositivo de posicionamiento de la pierna, como una almohadilla de abducción o un inmovilizador de rodilla, puede ayudarte a respetar estas restricciones.
  • Medicamentos. Es posible que su médico le recete medicamentos para aliviar el dolor, así como un anticoagulante para reducir el riesgo de que se formen coágulos de sangre en las venas de las piernas.

Tratamiento quirúrgico

La mayoría de las fracturas acetabulares se tratan mediante cirugía. Dado que las fracturas acetabulares dañan la superficie cartilaginosa del hueso, uno de los objetivos principales de la cirugía es restaurar una superficie de cadera lisa y deslizante, uniendo de nuevo los fragmentos óseos. Este tipo de reconstrucción se denomina «reducción abierta con fijación interna».

En algunos casos, en lugar de volver a unir los huesos, una mejor opción terapéutica puede ser una prótesis de cadera.


Durante su estancia en el hospital y antes de la intervención quirúrgica, es posible que su cirujano le aplique tracción esquelética en la pierna para inmovilizar la fractura y evitar lesiones o daños adicionales en la cavidad de la cadera.

En la tracción esquelética, se coloca temporalmente una varilla metálica a través del fémur o la tibia. Unos pesos sujetos a la varilla tiran suavemente de la pierna, manteniendo los fragmentos óseos fracturados en una posición lo más normal posible. Para muchos pacientes, la tracción esquelética también proporciona cierto alivio del dolor.

Reducción abierta y fijación interna

Durante la intervención quirúrgica, primero se recolocan (se reducen) los fragmentos óseos desplazados para que recuperen su alineación normal. A continuación, el cirujano fijará placas metálicas y tornillos a las superficies externas del hueso para mantener unidos los fragmentos mientras se curan.

Dependiendo de la ubicación de la fractura, el cirujano realizará una incisión en la parte delantera, lateral o posterior de la cadera. En ocasiones, se utiliza una combinación de técnicas o una técnica alternativa.

Radiografías de una fractura acetabular antes y después de la fijación interna

(Izquierda) Esta radiografía muestra una fractura de la «pared» posterior del hueso que sostiene la cadera. (Derecha) En este caso, se han utilizado placas y tornillos para reparar la fractura.

Imágenes cortesía del Dr. Stuart J. Fischer, miembro de la FAAOS

Prótesis total de cadera

En algunos casos, el acetábulo está tan dañado que es poco probable que la reparación o la reconstrucción tengan éxito. En esta situación, el cirujano puede recomendar una artroplastia total de cadera. En esta intervención, se extirpan el hueso y el cartílago articular dañados y se sustituyen por piezas artificiales (prótesis).

  • Siempre que sea posible, el cirujano recolocará los huesos en su alineación normal mediante una fijación con tornillos y placas antes de realizar la artroplastia total de cadera.
  • Sin embargo, si esto no es posible, el cirujano puede posponer la intervención durante un tiempo para permitir que la fractura se cure primero en su posición desalineada. A continuación, llevará a cabo la artroplastia total de cadera, sustituyendo la cavidad acetabular irregular por una prótesis total de cadera.

Su cirujano tendrá en cuenta muchos factores, como su edad y su nivel de actividad, a la hora de determinar si la artroplastia total de cadera es el tratamiento más adecuado.

Radiografía de una artroplastia total de cadera tras una fractura acetabular
En esta radiografía, la cabeza del fémur y el acetábulo dañado se han sustituido por una prótesis total de cadera.
Reproducido de Whiting JB: Fracturas acetabulares en pacientes de edad avanzada: alternativas a la reducción abierta y la fijación interna. Orthopaedic Knowledge Online Journal, 2014; 12(1). Consultado en febrero de 2016.

Recuperación

Tratamiento del dolor

Después de la operación, sentirá algo de dolor. Es algo normal en el proceso de recuperación. Su médico y el personal de enfermería se encargarán de aliviarle el dolor, lo que le ayudará a recuperarse más rápido de la operación.

A menudo se recetan medicamentos para aliviar el dolor a corto plazo tras una intervención quirúrgica. Existen muchos tipos de medicamentos disponibles para ayudar a controlar el dolor, entre ellos los opioides, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los anestésicos locales. Es posible que su médico utilice una combinación de estos medicamentos para mejorar el alivio del dolor y reducir al mínimo la necesidad de recurrir a los opioides.


Tenga en cuenta que, aunque los opioides ayudan a aliviar el dolor después de una intervención quirúrgica, son narcóticos y pueden crear adicción. La dependencia de los opioides y las sobredosis se han convertido en problemas graves de salud pública en los Estados Unidos. Es importante que utilice los opioides únicamente según las indicaciones de su médico y que deje de tomarlos tan pronto como el dolor comience a mejorar. Consulte a su médico si el dolor no ha empezado a mejorar a los pocos días de la intervención.

Con carga

La mayoría de los pacientes necesitan muletas o un andador durante un tiempo y tendrán dificultades para apoyar todo el peso sobre la pierna lesionada. Esta limitación puede durar hasta tres meses, dependiendo de la gravedad de la lesión. Es posible que necesite utilizar un bastón o un dispositivo de ayuda para caminar durante un periodo de tiempo más prolongado.

Es importante seguir las instrucciones específicas de su médico en cuanto a la carga de peso. Caminar sobre la pierna lesionada antes de que se haya curado o realizar actividades físicas demasiado pronto puede provocar un desplazamiento de la fractura. Esto puede dar lugar a un desajuste en la cavidad de la cadera o a una inestabilidad recurrente en la articulación de la cadera.

Fisioterapia

A pesar de las restricciones en cuanto a la carga de peso, es posible que tu médico te anime a moverte lo antes posible. Esto significa levantarte de la cama y hacer todo lo que puedas dentro de los límites específicos de carga de peso. En muchos casos, un fisioterapeuta te dará instrucciones sobre cómo empezar a moverte de forma segura y a utilizar muletas o un andador.

Con el tiempo, aprenderás otros ejercicios que te ayudarán a desarrollar fuerza y resistencia, de modo que puedas realizar mejor tus actividades diarias.

Actividades deportivas y de fitness

Si tu objetivo es retomar la práctica deportiva o las actividades físicas, tu médico te guiará en una progresión gradual hacia actividades más intensas. Es importante tener en cuenta que, debido a la complejidad de muchas fracturas acetabulares, muchos pacientes no pueden recuperar el nivel de actividad que tenían antes de la lesión.

Tu médico te indicará cuándo es seguro empezar a realizar actividades de bajo impacto, como nadar o montar en bicicleta estática. Sin embargo, pueden pasar entre 6 y 18 meses hasta que puedas retomar actividades deportivas más intensas, como correr.

Complicaciones

Incluso cuando la intervención quirúrgica tiene éxito, algunos pacientes pueden sufrir complicaciones que pueden hacer necesaria una nueva intervención.

Infección

Aunque los avances en el tratamiento y las técnicas quirúrgicas asépticas siguen contribuyendo a prevenir las infecciones tras una intervención quirúrgica, en ocasiones se producen infecciones en el sitio quirúrgico.

Estas infecciones pueden desarrollarse cerca de la superficie de la piel, alrededor de una incisión, o en lo profundo de la herida quirúrgica.

  • Las infecciones superficiales suelen tratarse con antibióticos durante 1 o 2 semanas.
  • Las infecciones más profundas pueden provocar complicaciones adicionales en la cicatrización y dar lugar a infecciones difíciles de curar. Por lo general, requieren una intervención quirúrgica para limpiar a fondo la herida, así como un tratamiento antibiótico más prolongado (normalmente de 4 a 6 semanas).

Coágulos sanguíneos

Su movilidad tras la operación será limitada. Esto puede ralentizar el flujo sanguíneo normal en las piernas y aumentar el riesgo de que se forme un coágulo. En algunos casos, un coágulo puede desprenderse de la pared venosa y desplazarse hasta los pulmones. Esto se conoce como embolia pulmonar y puede poner en peligro la vida.

Es posible que tu médico te recete un anticoagulante para ayudar a prevenir la formación de coágulos de sangre en las venas profundas de las piernas.

Obtenga más información sobre las medidas que toma su equipo quirúrgico para prevenir la formación de coágulos sanguíneos tras una intervención ortopédica.

Artritis postraumática

Incluso cuando se tratan con éxito, las fracturas acetabulares pueden dañar la superficie lisa de la articulación, lo que aumenta la probabilidad de que se desarrolle artritis de cadera durante la recuperación o incluso años después de la lesión. Con el tiempo, el cartílago articular que protege la articulación se desgasta, lo que provoca un aumento del dolor y la rigidez.

  • La artritis postraumática se puede tratar igual que otras formas de osteoartritis: con fisioterapia, ayudas para caminar, medicamentos y cambios en el estilo de vida.
  • En los casos graves que limitan la actividad, una artroplastia total de cadera puede ser la mejor opción para aliviar los síntomas.

Lesión del nervio ciático

El nervio ciático es un nervio de gran tamaño que discurre cerca de la parte posterior de la cavidad de la cadera. Es responsable del movimiento y la sensibilidad de la pierna y el pie. El nervio ciático puede sufrir lesiones o daños durante el traumatismo inicial o durante una intervención quirúrgica.

En la mayoría de los casos, una lesión en el nervio ciático provoca «pie caído», una afección en la que el paciente no es capaz de levantar el tobillo ni los dedos de los pies del suelo al caminar. Las lesiones nerviosas pueden presentar distintos grados de gravedad, y el grado de recuperación puede variar.

Ossificación heterotópica

Un problema poco frecuente que puede surgir tras la intervención quirúrgica es la formación de hueso en los músculos, tendones y ligamentos que rodean la cavidad de la cadera. Esto se denomina osificación heterotópica.

Cuando esto ocurre, se forma hueso donde no debería. Esto puede provocar rigidez que no está directamente relacionada con el estado del cartílago de la cavidad de la cadera. Si la cantidad de hueso sobrante es lo suficientemente grande como para afectar a la flexibilidad y la función de la cadera, es posible que el médico te recomiende una intervención quirúrgica para extirparlo.

Necrosis avascular (osteonecrosis)

El riego sanguíneo al hueso puede verse alterado en el momento de la lesión. Incluso tras una intervención quirúrgica satisfactoria, si se interrumpe el riego sanguíneo normal y el aporte de nutrientes necesarios para mantener el hueso sano, las células óseas morirán. Esta afección se denomina necrosis avascular u osteonecrosis.

Una fractura acetabular puede provocar necrosis avascular tanto en la cabeza femoral como en el acetábulo. A medida que las células óseas mueren, el hueso se desmorona y colapsa gradualmente, junto con el cartílago liso que lo protege. Sin este cartílago liso, los huesos rozan entre sí, lo que provoca un aumento del dolor, artritis y pérdida de movilidad y función.

Resultados

Por lo general, una fractura acetabular tarda entre 9 y 12 meses en curarse por completo. Los resultados del tratamiento varían de un paciente a otro, dependiendo de:

  • El tipo y la gravedad de la fractura.
  • Otras lesiones asociadas al traumatismo.
  • La edad del paciente y la calidad ósea.
  • El estado de salud general del paciente, incluyendo si fuma. Las investigaciones indican que fumar puede ralentizar la consolidación ósea y aumentar el riesgo de sufrir otras complicaciones. Más información: El tabaquismo y la salud musculoesquelética

Debido a la gravedad de las fracturas acetabulares —así como a la probabilidad de que surjan complicaciones a largo plazo—, muchos pacientes no pueden recuperar el mismo nivel de actividad que tenían antes de la lesión.

Contribución y/o actualización a cargo de

Dr. Mark Gage

Revisado por pares por

Dra. Mary K. Mulcahey, miembro de la FAAOS

La AAOS no respalda ningún tratamiento, procedimiento, producto ni médico mencionado en este documento. Esta información se facilita con fines educativos y no pretende constituir un consejo médico. Cualquier persona que necesite asesoramiento o asistencia ortopédica específica debe consultar a su cirujano ortopédico o buscar uno en su zona a través del programa «Buscar un ortopedista» de la AAOS, disponible en este sitio web.