Enfermedades y afecciones
Fracturas de antebrazo en adultos
El antebrazo está formado por dos huesos: el radio y el cúbito. En la mayoría de los casos de fracturas de antebrazo en adultos, ambos huesos se rompen.
Las fracturas de antebrazo pueden producirse:
- Cerca de la muñeca, en el extremo más alejado (distal) del hueso
- En la parte central del antebrazo
- Cerca del codo, en el extremo superior (proximal) del hueso
Este artículo se centra en las fracturas que se producen en los segmentos medios del radio y el cúbito. Las fracturas que afectan a la muñeca o al codo se tratan en artículos distintos.
Anatomía
Si mantienes los brazos a los lados con las palmas hacia arriba, el cúbito es el hueso más cercano al cuerpo y el radio es el más cercano al pulgar. Esta relación cambia cuando giras el antebrazo: cuando los brazos están a los lados y las palmas miran hacia abajo, el radio es el hueso más cercano al cuerpo.
El cúbito es más grueso a la altura del codo —forma la punta del codo— y el radio es más grueso a la altura de la muñeca.
El movimiento principal del antebrazo es la rotación: la capacidad de girar las palmas de las manos hacia arriba o hacia abajo. El cúbito permanece inmóvil mientras que el radio gira a su alrededor. Este es el movimiento que se utiliza para girar un destornillador o enroscar una bombilla. Las fracturas de antebrazo pueden afectar a la capacidad de rotar el brazo, así como de flexionar y extender la muñeca y el codo.
Descripción
Los huesos del antebrazo pueden romperse de varias formas. El hueso puede sufrir una fisura leve o romperse en muchos fragmentos. Los fragmentos óseos pueden quedar alineados correctamente o estar muy desplazados.
En algunos casos, el hueso se rompe de tal manera que los fragmentos óseos sobresalen a través de la piel o que una herida llega hasta el hueso fracturado. A esto se le denomina fractura abierta. Una fractura abierta requiere atención médica inmediata debido al riesgo de infección.
Debido a la gran fuerza necesaria para fracturar el radio o el cúbito en la parte media del hueso, es más habitual que los adultos se fracturen ambos huesos al sufrir una lesión en el antebrazo. Cuando solo se fractura un hueso del antebrazo, suele ser el cúbito, normalmente como consecuencia de un golpe directo en la parte exterior del brazo, por ejemplo, al levantarlo en defensa propia.
Por otra parte, puede romperse un solo hueso mientras que los ligamentos del codo o de la muñeca sufren desgarros, lo que provoca una luxación de la articulación del codo o de la muñeca, además de la fractura. Estas lesiones, menos frecuentes que la fractura de ambos huesos, tienen nombres específicos: lesiones de Monteggia y de Galleazi.
Causa
Entre las causas más comunes de las fracturas de antebrazo se encuentran:
- Golpe directo
- Caída sobre un brazo extendido, a menudo mientras se practica deporte o desde una altura (por ejemplo, al caerse de una escalera)
- Accidentes de automóvil o motocicleta u otros accidentes de gran impacto
Síntomas
Una fractura de antebrazo suele provocar dolor inmediato. Dado que normalmente se ven afectados ambos huesos, las fracturas de antebrazo suelen causar una deformidad evidente: el antebrazo puede parecer doblado y más corto que el otro brazo. Lo más probable es que tengas que sujetarte el brazo lesionado con la otra mano.
Otros síntomas son:
- Hinchazón
- Hematomas (no tan frecuentes como en otras fracturas)
- No se puede girar el brazo
- Entumecimiento o debilidad en los dedos o la muñeca (poco frecuente)
Revisión médica
La mayoría de las personas con fracturas de antebrazo deberán acudir al médico de inmediato.
Exploración física e historial clínico
Es importante que tu médico sepa lo siguiente:
- Las circunstancias de tu lesión. Por ejemplo, si te caíste de una escalera, ¿desde qué altura te caíste?
- Si ha sufrido alguna otra lesión.
- Si padece algún otro problema de salud, como diabetes o una enfermedad cardíaca.
- Si toma algún medicamento.
Tras analizar tus síntomas y tu historial médico, el médico te realizará un examen minucioso. Es posible que el médico:
- Examínate la piel para ver si hay algún corte debido a la lesión. Los fragmentos óseos pueden perforar la piel y provocar laceraciones. Esto aumenta el riesgo de infección.
- Palpa (toca) todo el brazo para ver si hay otras zonas sensibles al tacto. Esto podría indicar otras fracturas o lesiones.
- Asegúrate de que la sangre circule bien desde el antebrazo hasta la mano.
- Comprueba si puedes mover los dedos y la muñeca, y si tienes sensibilidad en los dedos. A veces, los nervios pueden resultar dañados al mismo tiempo que se produce la fractura ósea, lo que puede provocar debilidad y entumecimiento en la mano y la muñeca.
Es posible que el médico te examine el hombro, la parte superior del brazo, el codo, la muñeca y la mano, aunque solo te quejes de dolor en el antebrazo.
Radiografías
Las radiografías permiten determinar si el hueso está fracturado y si hay desplazamiento (si los fragmentos óseos están separados y desalineados). También permiten determinar cuántos fragmentos óseos hay.
Tratamiento
Dado que el radio y el cúbito se apoyan mutuamente, es importante que estén bien estabilizados. Si los huesos no se alinean correctamente durante la consolidación, pueden surgir problemas en el futuro relacionados con el movimiento de la muñeca y el codo o con la rotación del antebrazo.
La mayoría de los casos de fracturas de antebrazo en adultos requieren una intervención quirúrgica para garantizar que los huesos queden estabilizados y alineados, lo que permite una consolidación satisfactoria.
Tratamiento inmediato
Mientras estés en urgencias, es posible que el médico intente recolocar temporalmente los huesos, dependiendo de lo desplazados que estén los fragmentos.
A continuación, el médico le colocará una férula para sujetarle el antebrazo y, a menudo, le proporcionará un cabestrillo para ayudarle a moverse. A diferencia de un yeso completo, la férula se puede ajustar o aflojar y permite que la hinchazón se desarrolle de forma segura.
Es muy importante controlar el movimiento de un hueso fracturado. Mover un hueso fracturado puede causar daños adicionales al hueso, a los vasos sanguíneos cercanos y a los nervios u otros tejidos que rodean el hueso.
Como tratamiento adicional, se puede aplicar hielo para ayudar a reducir la hinchazón y recetarle analgésicos.
Tratamiento no quirúrgico
Si solo hay un hueso roto y no está desplazado, es posible que se pueda tratar con un yeso o una férula. Tu médico supervisará de cerca la evolución de la fractura y te pedirá que vuelvas a la consulta para hacerte radiografías. Si la fractura se desplaza, es posible que necesites una intervención quirúrgica para volver a unir los huesos.
Tratamiento quirúrgico
Cuando se rompen ambos huesos del antebrazo, o si los huesos han perforado la piel (fractura abierta), suele ser necesaria una intervención quirúrgica.
Debido al mayor riesgo de infección, a los pacientes se les suelen administrar antibióticos por vía intravenosa en la sala de urgencias y es posible que se les administre una vacuna contra el tétanos.
Durante la intervención quirúrgica de las fracturas abiertas, se limpian las heridas causadas por la lesión. Por lo general, los huesos fracturados se fijan durante la misma intervención. En las lesiones abiertas graves, puede ser necesario realizar varias intervenciones quirúrgicas para limpiar adecuadamente los tejidos blandos lesionados.
Si la piel que rodea la fractura no se ha lesionado, es posible que el médico te recomiende esperar a que baje la hinchazón antes de operarte. Mantener el brazo inmovilizado y elevado por encima del nivel del corazón durante varios días ayudará a reducir la hinchazón. Además, esto permite que la piel que se ha estirado tenga tiempo de recuperarse.
Reducción abierta y fijación interna con placas y tornillos. Este es el tipo de intervención quirúrgica más habitual para tratar las fracturas de antebrazo en adultos. Durante esta intervención, el médico primero recoloca (reduce) los fragmentos óseos hasta recuperar su alineación normal. Los huesos se mantienen unidos mediante tornillos especiales y placas metálicas fijadas a la superficie externa del hueso.
Reducción abierta y fijación interna con varillas. Durante esta intervención, el médico introduce una varilla metálica especialmente diseñada a través del canal medular, situado en el centro del hueso.
Fijación externa. Si la piel, los músculos y el hueso presentan daños graves, el uso de placas y tornillos, así como la realización de incisiones grandes, puede causar más lesiones en la piel. Esto podría provocar una infección. En este caso, es posible que se le trate con un fijador externo. En este tipo de intervención, el médico coloca clavos metálicos en el hueso, por encima y por debajo del lugar de la fractura. Los clavos y tornillos se fijan a una barra situada fuera de la piel. Este dispositivo es un armazón estabilizador que mantiene los huesos en la posición adecuada para que puedan curarse.
Complicaciones
Complicaciones derivadas de las fracturas de antebrazo
Pueden surgir complicaciones tanto en el tratamiento quirúrgico como en el no quirúrgico de las fracturas de antebrazo en adultos:
- Los extremos de los huesos rotos suelen ser afilados y pueden cortar o desgarrar los vasos sanguíneos o los nervios circundantes.
- Una hemorragia y una hinchazón excesivas inmediatamente después de la lesión pueden provocar un síndrome compartimental, una afección en la que la hinchazón interrumpe el riego sanguíneo de la mano y el antebrazo. Suele aparecer entre 24 y 48 horas después de la lesión y provoca un dolor intenso al mover los dedos. El síndrome compartimental puede provocar pérdida de sensibilidad y función, y requiere cirugía de urgencia una vez diagnosticado. En estos casos, se abren la piel y las capas musculares y se dejan abiertas para aliviar la presión y permitir que la sangre vuelva a circular. En la mayoría de los casos, las incisiones se pueden cerrar al cabo de unos días. En algunos casos, puede ser necesario un injerto de piel para ayudar a cerrar las incisiones.
- Las fracturas abiertas dejan el hueso expuesto al entorno exterior. Incluso con un tratamiento adecuado, el hueso puede infectarse. La infección ósea es difícil de tratar y a menudo requiere varias intervenciones quirúrgicas y un tratamiento prolongado con antibióticos.
Complicaciones derivadas de la cirugía
Toda intervención quirúrgica conlleva riesgos. Si su médico le recomienda una intervención, es porque considera que los posibles beneficios superan los riesgos.
- Infección. Existe riesgo de infección en cualquier intervención quirúrgica, ya sea por una fractura de antebrazo o por cualquier otro motivo.
- Lesiones en los nervios y los vasos sanguíneos. Existe un riesgo leve de que se produzcan lesiones en los nervios y los vasos sanguíneos de la zona del antebrazo. Aunque es habitual sentir un entumecimiento temporal justo después de la lesión, si experimenta entumecimiento o hormigueo persistente (que no desaparece) en los dedos, póngase en contacto con su médico.
- Falta de consolidación. La cirugía no garantiza la consolidación de la fractura. Si la fractura no se consolida, es posible que sea necesaria una nueva intervención quirúrgica.
- Una fractura puede volver a abrirse, o los tornillos, las placas o las varillas pueden desplazarse o romperse. Esto puede ocurrir por diversas razones, entre ellas:
- El paciente no sigue las instrucciones tras la intervención quirúrgica.
- El paciente padece otras afecciones que retrasan la cicatrización. Algunas enfermedades, como la diabetes, retrasan la cicatrización. Fumar o consumir otros productos del tabaco también retrasa la cicatrización.
- Si la fractura se ha producido junto con un corte en la piel (una fractura abierta), la recuperación suele ser más lenta.
- Las infecciones también pueden ralentizar o impedir la cicatrización.
- Incluso en las mejores circunstancias, pueden darse casos de no unión.
- Rigidez. Dependiendo de la gravedad y la localización de la fractura, es posible que se produzca rigidez en el codo o la muñeca. Es posible que pierda la capacidad de girar completamente la palma de la mano hacia arriba y hacia abajo. En ocasiones, puede producirse una consolidación anómala entre los dos huesos del antebrazo con la formación de un puente óseo, lo que se conoce como sinostosis. Esto puede reducir o impedir la rotación de los huesos e impedir el movimiento.
- Implantes molestos o dolorosos. Las placas colocadas sobre los huesos pueden causar molestias, especialmente cuando se colocan en el borde del cúbito, que se encuentra justo debajo de la piel. Una vez que la fractura se ha curado, las placas que resultan molestas pueden retirarse posteriormente, pero esto puede conllevar otros riesgos (lesiones durante la intervención quirúrgica o una nueva fractura del hueso).
La complicación más frecuente durante el tratamiento conservador es la pérdida de la reducción. Esto significa que los extremos óseos en el lugar de la fractura se separan entre sí. Esto puede requerir una intervención quirúrgica. Si se opta por continuar con el tratamiento conservador, es posible que se presente rigidez y una capacidad limitada para girar la palma de la mano hacia arriba y hacia abajo.
Recuperación
Los huesos tienen una capacidad de curación extraordinaria. Los huesos del antebrazo suelen tardar entre 3 y 6 meses en curarse por completo. Sin embargo, cuanto más grave sea la lesión, más tiempo puede tardar la recuperación.
Tratamiento del dolor
El dolor tras una lesión o una intervención quirúrgica es una parte natural del proceso de curación. Su médico y el personal de enfermería se esforzarán por aliviar su dolor, lo que le ayudará a recuperarse más rápido.
A menudo se recetan medicamentos para aliviar el dolor a corto plazo tras una intervención quirúrgica o una lesión. Existen muchos tipos de medicamentos disponibles para ayudar a controlar el dolor, entre ellos los opioides, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los anestésicos locales. Es posible que su médico utilice una combinación de estos medicamentos para mejorar el alivio del dolor y reducir al mínimo la necesidad de recurrir a los opioides.
Ten en cuenta que, aunque los opioides ayudan a aliviar el dolor tras una intervención quirúrgica o una lesión, su uso conlleva riesgos y complicaciones. Estos medicamentos pueden crear adicción y ser potencialmente peligrosos. Por lo tanto, es importante tomarlos únicamente según las indicaciones de tu médico, utilizar la menor dosis posible durante el menor tiempo posible y dejar de tomarlos tan pronto como el dolor comience a mejorar. Consulta a tu médico si el dolor no ha empezado a mejorar a los pocos días de iniciar el tratamiento.
Los AINE pueden reducir la capacidad del organismo para curar una fractura. Si tiene una fractura, consulte con su cirujano antes de tomar AINE.
Rehabilitación
Tratamiento no quirúrgico. La rehabilitación suele comenzar tras unas semanas de inmovilización del brazo mediante un yeso o una férula. En muchos casos, un fisioterapeuta ayudará con la rehabilitación, comenzando con ejercicios suaves para aumentar la amplitud de movimiento y añadiendo gradualmente ejercicios para fortalecer el brazo.
Tratamiento quirúrgico. Dependiendo de la complejidad de la fractura y de la estabilidad de la reparación, es posible que necesite llevar un yeso o una férula durante un periodo de entre 2 y 6 semanas, o incluso más, tras la intervención. Por lo general, comenzará a realizar ejercicios de movilidad del antebrazo, el codo y la muñeca poco después de la intervención. Esta movilidad temprana es importante para prevenir la rigidez. Es posible que su médico le prescriba también visitas a un fisioterapeuta o a un terapeuta ocupacional, dependiendo del tiempo que haya permanecido inmovilizado el brazo.
Resultado
Es habitual sentir cierta rigidez tras la recuperación, pero esto no suele afectar al funcionamiento general del brazo.
Tu médico te indicará cuándo podrás volver al trabajo y a la práctica deportiva. El momento dependerá del tipo de fractura y del tipo y la estabilidad de la reparación.
Si te has sometido a una intervención quirúrgica, las placas y los tornillos suelen dejarse colocados de forma permanente. Si te planteas retirarlos, esta segunda intervención no suele programarse hasta que los huesos se hayan consolidado por completo (entre uno y dos años después de la primera intervención) y conlleva riesgos adicionales.
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