Enfermedades y afecciones
Fracturas abiertas
Una fractura abierta, también denominada fractura expuesta, es una fractura en la que hay una herida abierta o una rotura de la piel cerca del lugar donde se ha roto el hueso. En la mayoría de los casos, esta herida se debe a que un fragmento de hueso atraviesa la piel en el momento de la lesión.
Una fractura abierta requiere un tratamiento diferente al de una fractura cerrada, en la que no hay herida abierta. Una vez que se rompe la piel, las bacterias presentes en la suciedad y otros contaminantes pueden penetrar en la herida y provocar una infección. Por este motivo, el tratamiento temprano de una fractura abierta se centra en prevenir la infección en el lugar de la lesión. La herida, los tejidos y el hueso deben limpiarse mediante una intervención quirúrgica lo antes posible. El hueso fracturado también suele estabilizarse mediante una intervención quirúrgica para permitir que la herida cicatrice.
Causa
La mayoría de las fracturas abiertas se deben a algún tipo de accidente de gran impacto, como una colisión de vehículos a motor. Estos pacientes suelen presentar lesiones adicionales en otras partes del cuerpo.
Una fractura abierta también puede producirse a raíz de un accidente de menor gravedad, como una simple caída en casa o una lesión al practicar deporte.
Descripción
Las fracturas abiertas varían mucho en cuanto a su gravedad. En muchas lesiones de alta energía, se observa un daño cutáneo evidente y se puede ver el hueso sobresaliendo a través de la herida. En otros casos, la herida puede no ser más grande que una punción.
En cualquiera de los dos casos, el daño en los tejidos blandos que rodean el hueso —incluidos músculos, tendones, nervios, venas y arterias— puede ser extenso. Por este motivo, cualquier fractura aguda (grave) que presente una herida abierta en la zona se considera una fractura abierta.
La gravedad de una fractura abierta depende de varios factores, entre ellos:
- El tamaño y el número de los fragmentos de la fractura
- El daño en los tejidos blandos circundantes (músculos, tendones, etc.)
- La localización de la herida y si los tejidos blandos de la zona cuentan con un buen riego sanguíneo
Contaminación
En cierta medida, el entorno en el que se produce una fractura abierta —el lugar donde ocurre— influirá en el grado de contaminación. Objetos como tierra, cristales rotos, hierba, barro e incluso la propia ropa del paciente pueden introducirse en una herida abierta. Conocer el entorno en el que se produjo la lesión puede ayudar a tu médico a determinar el mejor tratamiento.
Infección
Las fracturas abiertas suponen un riesgo inmediato de infección. En general, cuanto mayor es el daño en el hueso y los tejidos blandos, mayor es el riesgo de infección.
Una infección ósea puede ser difícil de tratar. Es posible que el paciente necesite un tratamiento antibiótico prolongado y varias intervenciones quirúrgicas. En casos extremos, cuando la infección no se puede curar y la vida del paciente corre peligro, puede llegar a ser necesaria incluso la amputación. Por este motivo, la prevención de la infección es el objetivo principal del tratamiento precoz.
Consulta médica y tratamiento inicial
La mayoría de los pacientes con fracturas abiertas acudirán al servicio de urgencias para recibir el tratamiento inicial.
Exploración física
En urgencias, el médico:
- Realiza una evaluación inicial y comprueba si hay otras lesiones.
- Pregunte cómo y dónde se produjo la lesión.
- Pregúntame por tu historial médico.
- Examine la herida y la zona de la fractura, comprobando si hay daños en los tejidos blandos, los nervios y la circulación. Cuando hay alguna herida en la misma zona que un hueso roto, se supone que se trata de una fractura abierta.
Pruebas de diagnóstico por imagen
Tu médico te pedirá unas radiografías para determinar la gravedad de la fractura. Las radiografías mostrarán el número de roturas en el hueso, así como la posición y el grado de separación (desplazamiento) entre los fragmentos óseos.
Si se necesita más información, es posible que su médico le pida una tomografía computarizada (TC) u otra prueba de diagnóstico por imagen.
Los antibióticos y el tétanos
Para ayudar a prevenir infecciones, se le administrarán antibióticos en el servicio de urgencias. Además, se le administrará una dosis de refuerzo contra el tétanos si no se la ha puesto en los últimos 5 años.
Estabilización de lesiones
Le vendarán la herida. El médico suele inmovilizar la extremidad con un yeso blando para evitar que los huesos se muevan hasta que le lleven al quirófano.
Tratamiento
Casi todas las fracturas abiertas se tratan con cirugía. Es importante someterse a la intervención quirúrgica lo antes posible para que se pueda limpiar la herida abierta y así prevenir una infección.
Desbridamiento e irrigación
Estos son los primeros pasos para controlar el riesgo de infección.
- Durante el desbridamiento, el médico retirará de la herida todo el material extraño y contaminado, así como el tejido dañado. Si la herida es pequeña, es posible que el médico tenga que ampliarla para poder acceder a todas las zonas afectadas del hueso y los tejidos blandos.
- A continuación, se irrigará la herida, es decir, se lavará con líquido.
Una vez limpia la herida, el médico evaluará la fractura y estabilizará los huesos. Las fracturas abiertas se tratan mediante fijación interna o externa.
Fijación interna
En esta intervención, el médico coloca implantes metálicos —como placas, varillas o tornillos— sobre la superficie o en el interior del hueso fracturado. Los implantes mantendrán la posición del hueso y lo mantendrán unido mientras se cura la fractura.
La fijación interna puede realizarse:
- Durante la intervención quirúrgica inicial, una vez limpia la fractura
- En una intervención quirúrgica posterior, si la piel y el músculo necesitan tiempo para cicatrizar
Tras la fijación interna, se controlará la extremidad lesionada para detectar posibles signos de infección. Se le recetarán antibióticos durante un tiempo para ayudar a prevenir la infección. Durante el proceso de curación, su médico revisará la zona de la lesión para asegurarse de que no haya signos de infección.
Fijación externa
Si la herida y las fracturas aún no están preparadas para un implante permanente, es posible que el médico le aplique una fijación externa en la extremidad lesionada. La mayoría de las fracturas abiertas graves se estabilizan primero mediante fijación externa.
En esta intervención, el médico inserta tornillos o clavos metálicos a través de la piel hasta el hueso, por encima y por debajo del lugar de la fractura. Los clavos y los tornillos sobresalen de la piel, donde se fijan a barras de metal o de fibra de carbono.
El fijador externo tiene la ventaja de estabilizar el hueso fracturado mientras el médico trata la herida. En algunos casos, puede ser necesario realizar un desbridamiento adicional o un injerto de piel y tejido para cubrir el hueso lesionado.
En la mayoría de los casos, el fijador externo se mantiene colocado solo hasta que sea seguro realizar la fijación interna. Sin embargo, en ocasiones se utiliza un fijador externo para estabilizar los huesos hasta que se complete la consolidación. Posteriormente, se retira en una intervención posterior, una vez que la fractura se ha consolidado.
Tratamiento de heridas más complejas
Algunas fracturas abiertas presentan heridas extensas con una pérdida considerable de tejido cutáneo y muscular. A menudo, estas heridas son demasiado grandes para poder cerrarlas. En estos casos, el médico cubrirá temporalmente la herida para ayudar a reducir el riesgo de infección y favorecer la cicatrización.
Existen muchos tipos de apósitos que pueden utilizarse para la cobertura temporal. En muchos casos, se utiliza un apósito semipermeable para sellar la herida hasta que pueda cerrarse de forma definitiva. Este tipo de apósito permite el paso del oxígeno y el dióxido de carbono, al tiempo que bloquea los contaminantes (como las bacterias) y el agua.
A menudo se colocan gránulos de antibiótico en la herida antes de cerrarla, con el fin de administrar una alta concentración de antibióticos directamente en la lesión.
Transcurrido un tiempo, se utilizará una técnica permanente para cerrar la herida. Entre las técnicas permanentes para el cierre de heridas se incluyen:
- Injerto de piel. Si solo hay una pérdida de piel, se puede extraer un trozo de piel de otra parte del cuerpo y utilizarlo para cubrir la herida.
- Colgajo local. Se puede trasladar tejido muscular de una zona cercana de la misma extremidad a la herida para cubrir el defecto.
- Coloque un colgajo libre. Se puede extraer tejido de otra parte del cuerpo, normalmente del muslo, la espalda, el costado o el abdomen. La intervención de colgajo libre suele realizarse con un cirujano microvascular que pueda restablecer la circulación sanguínea en el colgajo.
Complicaciones de las fracturas abiertas
Infección
Esta es la complicación más frecuente de las fracturas abiertas. La infección se produce cuando las bacterias penetran en la herida en el momento de la lesión.
La infección puede aparecer en las primeras fases de la cicatrización o mucho más tarde, una vez que tanto la herida como la fractura se han curado. Una infección ósea puede volverse crónica (osteomielitis) y dar lugar a nuevas intervenciones quirúrgicas.
Falta de consolidación
Algunas fracturas abiertas pueden presentar dificultades para curarse debido a que, en el momento de la lesión, se produce una alteración del riego sanguíneo alrededor del hueso. Cuando un hueso fracturado no se cura, se denomina falta de unión. Si el hueso no se cura, es posible que sea necesaria una nueva intervención quirúrgica en la que se utilicen técnicas para favorecer la cicatrización.Síndrome de compartimento
Esta afección extremadamente dolorosa se produce cuando el brazo o la pierna lesionados se inflaman y se acumula presión en el interior de los músculos. Cuando esto ocurre, es necesaria una intervención quirúrgica inmediata para aliviar la presión. Si no se trata, el síndrome compartimental puede provocar daños permanentes en los tejidos y la pérdida de la función de la extremidad.
Recuperación
Volver a la actividad
El plazo para volver a sus actividades cotidianas depende del tipo de fractura y de la gravedad de la lesión. Algunas fracturas pueden tardar más en curarse. Por ejemplo, las fracturas en la parte inferior de la pierna, donde la tibia se encuentra justo debajo de la piel, tardarán más en curarse que las fracturas en el muslo o la parte superior del brazo, donde el potencial de curación es mayor. Los pacientes con afecciones médicas que afectan a la circulación (flujo sanguíneo), como la diabetes o la enfermedad vascular periférica, también pueden experimentar una curación más lenta.
Es habitual sentir rigidez, molestias y debilidad, síntomas que pueden mejorar a lo largo de un año o más tras una lesión. Su médico hablará con usted sobre sus inquietudes y expectativas. También analizará el impacto que su lesión puede tener en las actividades de la vida diaria, incluyendo su trabajo, sus responsabilidades familiares y sus actividades de ocio.
Fisioterapia
El éxito del tratamiento de una fractura abierta depende en gran medida de su colaboración. Realizar ejercicios específicos tanto durante como después del proceso de curación es fundamental para ayudar a recuperar la fuerza muscular, la movilidad articular y la flexibilidad. Su médico o fisioterapeuta le proporcionará un plan de ejercicios de rehabilitación.
Contribución y/o actualización a cargo de
La AAOS no respalda ningún tratamiento, procedimiento, producto ni médico mencionado en este documento. Esta información se facilita con fines educativos y no pretende constituir un consejo médico. Cualquier persona que necesite asesoramiento o asistencia ortopédica específica debe consultar a su cirujano ortopédico o buscar uno en su zona a través del programa «Buscar un ortopedista» de la AAOS, disponible en este sitio web.