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Fracturas pélvicas

La pelvis es el anillo óseo situado en la base de la columna vertebral. Las fracturas de pelvis son poco frecuentes: solo representan alrededor del 3 % de todas las fracturas en adultos.

La mayoría de las fracturas de pelvis se deben a un traumatismo, normalmente un accidente de gran impacto, como una colisión de vehículos a motor. Dado que los huesos de la pelvis se encuentran cerca de vasos sanguíneos y órganos importantes, las fracturas de pelvis pueden provocar hemorragias graves y otras lesiones que requieren tratamiento urgente.

En algunos casos, un golpe leve —como una caída sin gravedad— puede ser suficiente para provocar una fractura de pelvis en una persona mayor cuyos huesos están más débiles, como es el caso de quienes padecen osteoporosis.

El tratamiento de una fractura pélvica depende de la gravedad de la lesión. Mientras que las fracturas de baja energía suelen tratarse con métodos conservadores (no quirúrgicos), los pacientes con fracturas pélvicas de alta energía pueden necesitar una intervención quirúrgica para reconstruir la pelvis y restablecer la estabilidad, de modo que puedan retomar sus actividades cotidianas.

Anatomía de la cadera

La pelvis es un anillo de huesos situado en la parte inferior del tronco, entre la columna vertebral y las piernas. Los huesos de la pelvis son:

  • El sacro (el hueso grande y triangular situado en la base de la columna vertebral)
  • El coxis
  • Los huesos de la cadera (ílion, acetábulo, isquion y pubis)
Anatomía de la pelvis

La pelvis ayuda a sujetar los músculos y a proteger los órganos de la parte inferior del abdomen.

Cada cadera está formada por tres huesos —el ilion, el isquion y el pubis— que, durante la infancia, están separados, pero que se fusionan (se unen) a medida que crecemos. Estos tres huesos se unen para formar el acetábulo, la cavidad que sirve de encaje para la articulación esférica de la cadera.


Unas bandas de tejido conectivo resistente llamadas ligamentos unen la pelvis al sacro, creando una cavidad con forma de cuenco debajo de la caja torácica.

Los principales nervios, vasos sanguíneos y partes del intestino, la vejiga y los órganos reproductivos atraviesan el anillo pélvico. La pelvis protege estas importantes estructuras frente a posibles lesiones. Además, sirve de punto de anclaje para los músculos de la cadera, el muslo y el abdomen.

Tipos de fracturas pélvicas

Dado que la pelvis es una estructura en forma de anillo, cuando se fractura una parte de la misma, suele producirse una fractura o una lesión en los ligamentos en otro punto de la estructura. Existen varios patrones habituales de fractura pélvica. El patrón específico de la fractura depende de la dirección en la que se produjo la rotura y de la fuerza que causó la lesión.

Además de clasificarse según el patrón específico de la fractura, las fracturas pélvicas suelen describirse como «estables» o «inestables», en función del grado de daño que haya sufrido la integridad estructural del anillo pélvico.


Fractura estable. En este tipo de fractura, suele haber una sola rotura en el anillo pélvico y los extremos rotos de los huesos quedan correctamente alineados. Las fracturas de baja energía suelen ser fracturas estables.

Entre los patrones de fractura pélvica estables se incluyen:

  • Fractura de la ala ilíaca
  • Fractura de sacro (incompleta)
  • Fractura de la rama púbica superior
  • Fractura de la rama púbica inferior
Ilustraciones de fracturas de la ala ilíaca y del sacro

Tipos de fracturas pélvicas estables: (Izquierda) Fractura del ala ilíaca. (Derecha) Fractura del sacro.

 

Fractura de la rama púbica superior e inferior

Fractura de la rama púbica superior e inferior

Fractura inestable.En este tipo de fractura, suele haber dos o más roturas en el anillo pélvico. Además, los extremos de los huesos fracturados no encajan correctamente, lo que se denomina desplazamiento. Este tipo de fractura suele producirse como consecuencia de un traumatismo de gran intensidad.

Entre los patrones de fractura pélvica inestable se incluyen:

  • Fractura por compresión anteroposterior
  • Fractura por compresión lateral
  • Fractura por cizallamiento vertical
Fracturas por compresión anteroposterior y lateral; fracturas pélvicas

Tipos de fracturas pélvicas inestables: (Izquierda) Fractura por compresión anteroposterior. (Derecha) Fractura por compresión lateral. En esta fractura, la pelvis se desplaza hacia dentro.

 

Ilustración de una fractura por cizallamiento vertical

Fractura por cizallamiento vertical. En este tipo de fractura, una de las mitades de la pelvis se desplaza hacia arriba.

Tanto las fracturas pélvicas estables como las inestables pueden clasificarse a su vez en:

  • Fracturas cerradas, en las que la piel no presenta roturas.
  • Las fracturas abiertas, en las que los fragmentos óseos sobresalen a través de la piel. Se trata de lesiones graves con una elevada tasa de mortalidad. La gravedad de las fracturas abiertas radica en que, una vez que se rompe la piel, pueden producirse infecciones tanto en la herida como en el hueso. Es necesario un tratamiento inmediato para prevenir la infección.

Causas de las fracturas pélvicas

Traumatismos por alto impacto

Una fractura pélvica puede producirse como consecuencia de una fuerza de gran intensidad, como la que se genera durante:

  • Un accidente de coche o moto
  • Un accidente por aplastamiento
  • Una caída desde una altura considerable (como una escalera o un tejado)

Dependiendo de la dirección y la intensidad de la fuerza, estas lesiones pueden poner en peligro la vida y requerir tratamiento quirúrgico.

Insuficiencia ósea

Una fractura pélvica también puede producirse debido a una debilidad o insuficiencia ósea. Esto es más frecuente en personas mayores cuyos huesos se han debilitado a causa de la osteoporosis.

En las personas con osteoporosis, incluso una caída desde la altura de pie o durante una actividad cotidiana —como salir de la bañera o bajar las escaleras— puede provocar una fractura de pelvis.

Estas lesiones suelen ser fracturas estables de un hueso de la pelvis que no afectan a la integridad estructural del anillo pélvico. Sin embargo, las fracturas pueden ser inestables o muy dolorosas, por lo que puede recomendarse la cirugía.

Otras causas de las fracturas pélvicas

En casos menos frecuentes, puede producirse una fractura cuando un fragmento del hueso isquion se desprende del punto de inserción de los músculos isquiotibiales en el hueso. Este tipo de fractura se denomina «fractura por avulsión» y es más frecuente en deportistas jóvenes que aún se encuentran en fase de crecimiento. Por lo general, una fractura por avulsión no provoca inestabilidad en la pelvis ni lesiones en los órganos internos.

Síntomas de una fractura pélvica

Una fractura de pelvis suele ser dolorosa. Mover la cadera o intentar caminar agrava el dolor. A menudo, el paciente intentará mantener la cadera o la rodilla flexionadas en una posición concreta para evitar que el dolor empeore.

Algunos pacientes también pueden presentar hinchazón o hematomas en la zona de la cadera.

Revisión médica

Estabilización de urgencia de las fracturas pélvicas

Los pacientes con fracturas de alta energía casi siempre acudirán o serán trasladados a un servicio de urgencias para recibir el tratamiento inicial.

Estos pacientes también pueden presentar lesiones en la cabeza, el tórax, el abdomen o las piernas. Si sus lesiones provocan una pérdida de sangre importante, podrían entrar en estado de shock, una afección potencialmente mortal que puede derivar en un fallo orgánico.


La atención a los pacientes con fracturas pélvicas de alta energía requiere un enfoque de equipo en el que participen diversos especialistas. En algunos casos, los médicos deben tratar los problemas relacionados con las vías respiratorias, la respiración y la circulación (flujo sanguíneo) antes de tratar la fractura pélvica y otras lesiones.

Exploración física

Tu médico:

  • Examina con atención la pelvis, las caderas y las piernas
  • Comprueba si hay alguna lesión nerviosa observando si puedes mover los tobillos y los dedos de los pies y si tienes sensibilidad en la planta de los pies
  • Examínate bien el resto del cuerpo para ver si tienes alguna otra lesión

Pruebas de diagnóstico por imagen

Radiografías. Las radiografías permiten obtener imágenes de los huesos. Todas las fracturas pélvicas requieren radiografías —normalmente desde varios ángulos diferentes— para ayudar al médico a determinar en qué medida se han desplazado los huesos.

Radiografía de una fractura pélvica inestable
La radiografía muestra una fractura pélvica inestable con rotura del pubis (flecha) y de la articulación sacroilíaca (punta de flecha).
Tomado de JF Sarwark (ed.): Essentials of Musculoskeletal Care, 5.ª ed. Rosemont, IL: Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, 2016.

Tomografías computarizadas (TC).Dado que este tipo de lesión es compleja, suele prescribirse una tomografía computarizada en caso de fracturas pélvicas. Una tomografía computarizada proporciona una imagen transversal detallada de la pelvis. Esta información ayudará a su médico a:

  • Es mejor determinar el tipo concreto y la gravedad de tu lesión
  • Comprueba si hay otras lesiones
  • Planifica la intervención quirúrgica si es necesaria

Resonancias magnéticas (RM): En casos excepcionales, es posible que el médico le pida una resonancia magnética para detectar fracturas que no se aprecian en una radiografía o una tomografía computarizada.

Tratamiento de las fracturas pélvicas

El tratamiento se basa en varios factores, entre los que se incluyen:

  • El patrón específico de la fractura
  • En qué medida se han desplazado los huesos (se han salido de su sitio)
  • Su estado general y si sufrió otras lesiones al mismo tiempo que la fractura pélvica

Tratamiento no quirúrgico

Es posible que su médico le recomiende un tratamiento no quirúrgico para las fracturas estables en las que los huesos no presentan desplazamiento o este es mínimo.

Los tratamientos no quirúrgicos pueden incluir:


Ayudas para caminar. Para evitar apoyar el peso sobre la pierna, es posible que el médico te recomiende utilizar muletas o un andador durante un máximo de tres meses, o hasta que los huesos se hayan curado por completo. Si tienes lesiones en ambas piernas, es posible que tengas que utilizar una silla de ruedas durante un tiempo para evitar apoyar el peso sobre cualquiera de ellas.

Medicamentos. Es posible que su médico le recete medicamentos para aliviar el dolor, así como un anticoagulante, para reducir el riesgo de que se formen coágulos de sangre en las venas de las piernas y la pelvis.

Tratamiento quirúrgico

Los pacientes con fracturas pélvicas inestables pueden necesitar una o varias intervenciones quirúrgicas.

Fijación externa. Es posible que su médico utilice la fijación externa para estabilizar la zona pélvica. En esta intervención, el cirujano inserta clavos o tornillos metálicos en los huesos a través de pequeñas incisiones en la piel y el músculo. Los clavos y tornillos sobresalen de la piel a ambos lados de la pelvis, donde se fijan a unas barras de fibra de carbono situadas fuera de la piel. El fijador externo actúa como un armazón estabilizador para mantener los huesos fracturados en la posición correcta.


En algunos casos, se utiliza un fijador externo para estabilizar los huesos hasta que se complete la consolidación. Una vez que la consolidación es satisfactoria, se retira el fijador. En pacientes que no pueden soportar una intervención prolongada y más complicada, se puede utilizar un fijador externo como tratamiento temporal hasta que se pueda realizar otra intervención.

Fijación externa de la fractura de pelvis
En esta radiografía se ha utilizado un fijador externo para estabilizar la pelvis.
Tomado de Kurylo JC, Tornetta P: «Tratamiento inicial y clasificación de las fracturas pélvicas». Curso de formación, clase 61. Rosemont, IL, Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, 2012, pp. 3-18.

Tracción esquelética.La tracción esquelética es un sistema de poleas con pesos y contrapesos que ayuda a realinear los fragmentos óseos. La tracción esquelética se suele aplicar inmediatamente después de una lesión y se retira tras la intervención quirúrgica. En ocasiones, las fracturas acetabulares pueden tratarse únicamente con tracción esquelética. Sin embargo, esto es poco frecuente, y será una decisión que usted y su médico tomarán de común acuerdo.


Durante la tracción esquelética, se colocan clavos metálicos en el fémur o la tibia para ayudar a colocar la pierna en la posición adecuada. Unos pesos sujetos a los clavos tiran suavemente de la pierna, manteniendo los fragmentos óseos fracturados en una posición lo más normal posible. Para muchos pacientes, la tracción esquelética también proporciona cierto alivio del dolor.

Reducción abierta y fijación interna. Durante esta intervención, primero se recolocan (se reducen) los fragmentos óseos desplazados hasta su alineación normal. A continuación, se fijan entre sí mediante tornillos o placas metálicas que se fijan a la superficie externa del hueso.

Fijación interna de la fractura de pelvis
En esta radiografía se han utilizado placas y tornillos para reparar una fractura de pelvis.
Tomado de Mullis BH: Técnicas de fijación pélvica anterior. Curso de formación, clase 61. Rosemont, IL, Academia Americana de Cirujanos Ortopédicos, 2012, pp. 19-25.

Complicaciones

Toda intervención quirúrgica conlleva riesgos. Antes de la operación, su médico le explicará cada uno de estos riesgos y tomará medidas específicas para ayudar a evitar posibles complicaciones.

Entre las posibles complicaciones se incluyen:

  • Problemas en la cicatrización de las heridas, incluidas las infecciones
  • Daño en los nervios o los vasos sanguíneos
  • Coágulos sanguíneos
  • Embolia pulmonar: un coágulo de sangre en los pulmones
  • Falta de consolidación (cuando los huesos no se sueldan)
  • Deformidad postoperatoria (cuando los huesos se consolidan en una posición anómala)
  • Desigualdad en la longitud de las piernas (una pierna es más corta que la otra); esto puede ocurrir si el anillo pélvico se consolida en una posición anómala en un lado en comparación con el otro

Recuperación 

Tratamiento del dolor

Después de la operación, sentirás algo de dolor. Es algo normal en el proceso de recuperación. Tu médico se encargará de aliviarte el dolor, lo que te ayudará a recuperarte más rápido de la operación.

A menudo se recetan medicamentos para aliviar el dolor a corto plazo tras una intervención quirúrgica. Existen muchos tipos de medicamentos disponibles para ayudar a controlar el dolor, entre ellos los opioides, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los anestésicos locales. Es posible que su médico utilice una combinación de estos medicamentos para mejorar el alivio del dolor y reducir al mínimo la necesidad de recurrir a los opioides.


Tenga en cuenta que, aunque los opioides ayudan a aliviar el dolor después de una intervención quirúrgica, su uso conlleva riesgos y complicaciones. Estos medicamentos pueden crear adicción y ser potencialmente peligrosos. Por lo tanto, es importante que los utilice únicamente según las indicaciones de su médico, que tome la menor dosis posible durante el menor tiempo posible y que deje de tomarlos tan pronto como el dolor comience a mejorar. Informe a su médico si el dolor no ha empezado a mejorar a los pocos días de la intervención.

Movimiento temprano

En la mayoría de los casos, el médico le animará a moverse cuanto antes. La mayoría de los pacientes empiezan a caminar —con restricciones en la carga de peso— y a realizar ejercicios para los pies y las piernas lo antes posible tras la operación.

Fisioterapia

Hay ejercicios específicos que te ayudarán a recuperar la flexibilidad y a restablecer la amplitud de movimiento de la cadera. Otros ejercicios te ayudarán a desarrollar fuerza y resistencia para que puedas realizar mejor tus actividades diarias.

Prevención de coágulos sanguíneos

Aunque se recomienda moverse lo antes posible, su movilidad tras la intervención seguirá estando algo limitada. Por este motivo, es posible que su médico le recete un anticoagulante para ayudar a prevenir la formación de coágulos de sangre en las venas profundas de la pelvis y las piernas.

Con carga

Es posible que tu médico te recomiende utilizar muletas o un andador durante un periodo de entre 6 y 8 semanas, o incluso más tiempo, dependiendo de la gravedad de la lesión y de cómo evolucione la recuperación.

Por lo general, se permite apoyar todo el peso a los tres meses, o cuando los huesos se hayan curado por completo. Es posible que tengas que usar un bastón o un andador durante un periodo de tiempo más prolongado.

Más información: Cómo usar muletas, bastones y andadores

Resultados en las fracturas pélvicas

Las fracturas pélvicas estables suelen curarse bien.

Las fracturas pélvicas inestables sufridas en accidentes de alta energía, como los accidentes de tráfico, pueden provocar complicaciones graves, como hemorragias graves, lesiones en órganos internos e infecciones. Si estas lesiones se tratan adecuadamente, la fractura suele curarse bien.

Es posible que camine cojeando durante varios meses si se han dañado los músculos que rodean la pelvis. Estos músculos pueden tardar hasta un año en recuperar su fuerza.


La fractura pélvica puede provocar daños en los nervios y los órganos, lo que a su vez puede dar lugar a problemas futuros, como dolor, movilidad reducida, incontinencia y disfunción sexual.

Contribución y/o actualización a cargo de

Dra. Gillian L.S. Soles, miembro de la FAAOS

Revisado por pares por

Dra. Julie E. Adams, miembro de la FAAOS

La AAOS no respalda ningún tratamiento, procedimiento, producto ni médico mencionado en este documento. Esta información se facilita con fines educativos y no pretende constituir un consejo médico. Cualquier persona que necesite asesoramiento o asistencia ortopédica específica debe consultar a su cirujano ortopédico o buscar uno en su zona a través del programa «Buscar un ortopedista» de la AAOS, disponible en este sitio web.