Tratamiento
Reimplantación
La reimplantación consiste en la reincorporación quirúrgica de una parte del cuerpo (como un dedo de la mano o del pie) que se ha separado completamente del cuerpo. El objetivo de la reimplantación es reincorporar y restaurar la función de la mayor parte posible de la zona lesionada.
A veces, por diversas razones, no es posible reimplantar una parte del cuerpo que se ha perdido. Si no es posible reimplantar la parte perdida, es posible que el paciente tenga que utilizar una prótesis, es decir, un dispositivo que sustituye a la parte del cuerpo que falta. En algunos casos, una prótesis puede mejorar la funcionalidad y la calidad de vida de una persona a la que le falta una parte del cuerpo.
Por lo general, se recomienda la reimplantación cuando la parte reimplantada funcionará al menos tan bien como una prótesis. Por ejemplo, un cirujano no reimplantaría un dedo índice si considerara que este quedaría rígido, dolorido e insensible, lo que dificultaría el funcionamiento de los demás dedos. Sin embargo, un cirujano podría reimplantar un pulgar sabiendo que este dedo, de gran importancia, sería una opción mejor que una prótesis si la reimplantación tiene éxito.
Antes de la intervención quirúrgica, el médico explicará el procedimiento y en qué medida es probable que se recupere la funcionalidad tras la reimplantación. El paciente o un familiar deben decidir si recuperar el uso de la extremidad justifica la larga y difícil operación, la estancia en el hospital y los meses o años de rehabilitación.
Por desgracia, la reimplantación es una intervención en la que el tiempo es un factor crucial, por lo que las decisiones deben tomarse con rapidez y firmeza (hay que estar seguro de la decisión). Es importante señalar que, aunque la cultura popular hace que la reimplantación parezca algo rutinario (como si fuera fácil y se realizara constantemente), se trata de procedimientos muy complejos que solo se llevan a cabo en centros especializados. Además, como se ha mencionado anteriormente, la reimplantación no siempre es posible, por mucho que lo deseen el paciente o la familia.
Procedimiento
El proceso de reimplantación consta de varios pasos y suele durar varias horas.
- En primer lugar, el cirujano extirpa con cuidado el tejido dañado y contaminado (sucio) tanto de la parte amputada como del muñón.
- A continuación, el cirujano recorta los extremos óseos. Recortar los extremos antes de unirlos facilita la unión de los tejidos blandos a ambos lados de la herida.
- A continuación, el cirujano repara los tendones y los músculos, normalmente de tal forma que el paciente pueda mover la extremidad desde el principio de la recuperación.
- A continuación, el cirujano realiza la anastomosis de las arterias, las venas y los nervios mediante microcirugía. Esta suele ser la parte más complicada de la intervención, ya que requiere destreza, paciencia y una técnica meticulosa. El estado de los vasos sanguíneos suele determinar si la extremidad puede sobrevivir tras la cirugía. Si el traumatismo que provocó la amputación es demasiado grave, puede dañar de forma permanente los vasos sanguíneos, lo que impediría que transportaran sangre hacia y desde la extremidad. Esto provocaría el fracaso de la reimplantación. Si el cirujano tiene dudas sobre la calidad de los vasos sanguíneos de la extremidad o del muñón, es posible que le desaconseje intentar la reimplantación.
- Al finalizar la intervención, el cirujano sutura la piel sin apretar para evitar comprimir (ejercer presión sobre) los vasos sanguíneos recién reparados. En ocasiones, es posible que el cirujano tenga que extraer piel u otro tejido de zonas sanas del cuerpo del paciente para cubrir las áreas expuestas de la parte reimplantada. Esto puede realizarse en el momento de la reimplantación o varios días o semanas después.
Recuperación
Tras una reimplantación satisfactoria, el paciente suele permanecer ingresado en el hospital durante una semana o más.
- La zona reimplantada se supervisa de cerca para garantizar que sobreviva a la intervención.
- A menudo se produce una gran pérdida de sangre en el momento de la lesión, la intervención quirúrgica y la recuperación, y los pacientes suelen necesitar transfusiones de sangre (en las que se administra al paciente sangre de un donante).
- Por lo general, el paciente toma anticoagulantes después de la operación para prevenir la formación de coágulos en los vasos reparados, lo que podría provocar una mayor pérdida de sangre.
- A diario se realizan análisis de sangre para comprobar que los recuentos sanguíneos del paciente se mantengan en niveles seguros.
- La habitación se mantiene caliente para evitar espasmos en los vasos sanguíneos.
- A menudo se prohíbe a los pacientes el consumo de cafeína y otros alimentos o medicamentos que puedan provocar espasmos en los vasos sanguíneos.
- Se eleva la extremidad (el brazo) para facilitar el drenaje de la sangre de la parte recién suturada.
- Tras la cirugía, se pueden aplicar sanguijuelas en la zona reimplantada para favorecer la recuperación de los vasos sanguíneos. Si la sangre llega a la zona (a través de las arterias) pero no sale con facilidad (a través de las venas), el reimplante puede fracasar. Las sanguijuelas ayudan a fluidificar la sangre y a extraer la sangre estancada de la zona, lo que permite que entre sangre fresca y oxigenada y mantenga vivos los tejidos.
- Cuando parezca probable que la parte reimplantada vaya a sobrevivir, el paciente podrá comenzar la terapia para recuperar la movilidad de la zona y prevenir la formación de adherencias (bandas de tejido similar al de una cicatriz) en los tendones.
La recuperación total de la función suele depender de la regeneración de dos tipos de nervios: los nervios sensoriales y los nervios motores. Los nervios sensoriales transmiten al cerebro señales procedentes de diferentes partes del cuerpo para indicar dolor, presión y temperatura. Los nervios motores transmiten señales del cerebro a los músculos para que el cuerpo se mueva.
- En una reimplantación de un dedo, solo es necesaria la recuperación de los nervios sensoriales, ya que los músculos que controlan el dedo se encuentran en la mano y el antebrazo y, por lo general, no resultan dañados por la amputación.
- En una reimplantación de mano o brazo, los nervios motores también deben cicatrizar para permitir el movimiento de la mano, la muñeca y el codo.
Los nervios crecen aproximadamente 2,5 cm al mes, y este dato ayuda a los médicos a calcular la duración de la recuperación. Por ejemplo, en el caso de una lesión en la yema de un dedo, la distancia en centímetros entre la lesión y la punta del dedo permite estimar el número mínimo de meses tras los cuales el paciente podría empezar a sentir algo en esa yema.
Los nervios casi nunca recuperan su plena funcionalidad tras una amputación. Aunque es probable que se recupere parte de la sensibilidad y la capacidad motora, la parte reimplantada nunca volverá a funcionar exactamente igual que antes de la lesión.
Más información: Lesiones nerviosas en la mano y los dedos
Fisioterapia y rehabilitación
La curación completa de la lesión y de las heridas quirúrgicas es solo el comienzo de un largo proceso de rehabilitación. La fisioterapia y el uso temporal de una ortesis son importantes para el proceso de recuperación.
- Desde el principio se utilizan férulas para proteger los tendones recién reparados y para permitir que el paciente mueva la parte reimplantada.
- Los ejercicios de fisioterapia se utilizan para evitar que las articulaciones se vuelvan rígidas, para mantener los músculos en movimiento y para minimizar la formación de tejido cicatricial.
Incluso tras una recuperación completa, es posible que los pacientes que se han sometido a una reimplantación no puedan realizar todas las actividades que desean o que realizaban antes de la lesión y la intervención quirúrgica. Los dispositivos personalizados ayudan a muchos pacientes a practicar actividades específicas o aficiones. Un médico o un terapeuta puede ofrecer más información sobre estos dispositivos.
Muchos pacientes que se han sometido a una reimplantación pueden volver al trabajo que tenían antes de la lesión. Cuando esto no es posible, los pacientes pueden solicitar ayuda para elegir un nuevo tipo de trabajo.
El papel del paciente en la recuperación
El paciente desempeña un papel importante en el proceso de recuperación, que es largo y difícil. Requiere una gran fortaleza mental y puede que también sea necesario realizar algunos cambios en el estilo de vida; por ejemplo, fumar provoca una mala circulación y puede reducir el flujo sanguíneo hacia la parte reimplantada, por lo que, si fuma, es posible que su médico le aconseje que deje de hacerlo. Además, si la lesión se produce en la mano, dejar que la parte reimplantada cuelgue por debajo del nivel del corazón durante periodos prolongados también puede provocar una mala circulación en la parte reimplantada e impedir o retrasar la recuperación.
Aspectos emocionales de la recuperación
La reimplantación puede afectar tanto a la vida emocional del paciente como a su cuerpo. Cuando se retiran los vendajes, el paciente puede sentir conmoción, dolor, ira, incredulidad o decepción porque la parte reimplantada simplemente no tiene el mismo aspecto que antes. Es habitual que surjan preocupaciones sobre el aspecto de la parte reimplantada y sobre su funcionamiento. Hablar de estos sentimientos con el médico ayuda a muchos pacientes a aceptar el resultado de la reimplantación. El médico también puede pedirle a un terapeuta que ayude en este proceso.
Cuándo es necesaria una nueva intervención quirúrgica
Algunos pacientes que se han recuperado por completo de una cirugía de reimplantación pueden necesitar una intervención quirúrgica adicional para recuperar el uso completo de la extremidad. Algunas de las intervenciones más habituales son:
- Tenólisis: libera los tendones del tejido cicatricial
- Capsulotomía: libera las articulaciones rígidas y bloqueadas
- Trasplante de tendones o músculos: consiste en trasladar tendones o músculos sobrantes (no esenciales o de reserva) a una zona que los necesita más
- Injerto nervioso: sustituye un nervio cicatrizado o una interrupción en los nervios para mejorar su funcionamiento
- Amputación tardía: se extirpa la parte más adelante porque no funciona o ha empezado a causar dolor
Resultados
La parte reimplantada nunca recupera el 100 % de su función original; la mayoría de los médicos consideran que un 60-80 % es un resultado excelente. Por lo general, los pacientes que no han sufrido lesiones en las articulaciones recuperan más movilidad que aquellos que sí las han sufrido. Una parte con un corte limpio suele funcionar mejor tras el reimplante que una que haya sido aplastada o arrancada.
Los pacientes más jóvenes tienen más posibilidades que los adultos de que los nervios se regeneren. Pueden recuperar más sensibilidad y recuperar una mayor movilidad en la parte reimplantada.
El frío puede resultar incómodo para los pacientes a los que se les han reimplantado partes del cuerpo. Es una queja habitual, incluso entre aquellos que se han recuperado perfectamente.
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