Enfermedades y afecciones
Quistes óseos unicamerales
Un quiste óseo unicameral (UBC), o quiste óseo simple, es un tumor óseo benigno (no canceroso) muy frecuente que se da principalmente en niños y adolescentes.
Las cistitis óseas son cavidades dentro del hueso que están llenas de líquido. Aunque pueden aparecer en cualquier hueso, suelen afectar a los huesos largos, sobre todo al húmero (hueso del brazo) y al fémur (hueso del muslo).
En la mayoría de los casos, los quistes óseos unicamerales no son dolorosos y, a menudo, se descubren de forma incidental (por casualidad) al realizarse una radiografía por otro motivo. Dado que estos quistes pueden debilitar el hueso circundante, es posible que se produzcan fracturas a través de ellos.
El tratamiento de un quiste subclavioclavicular (UBC) depende de varios factores, entre ellos el tamaño y la ubicación del quiste, así como el riesgo de fractura. En algunos casos, puede recomendarse la cirugía.
Descripción
Los quistes óseos unicamerales (UBC) son uno de los tumores óseos benignos más frecuentes que afectan a los niños. Se desconoce el número real de estos tumores, ya que muchos de ellos nunca se detectan.
Quistes óseos unicamerales:
- Son más frecuentes en los niños que en las niñas.
- No deben dar lugar a metástasis (extenderse a otras partes del cuerpo).
- Suelen aparecer en un solo hueso, normalmente en el extremo del hueso, cerca de una articulación o de una placa de crecimiento. Las placas de crecimiento son zonas de tejido cartilaginoso en desarrollo situadas cerca de los extremos de los huesos largos en los niños. La placa de crecimiento contribuye a determinar la longitud y la forma del hueso en la edad adulta.
A medida que el hueso crece, la forma y el tamaño del quiste pueden variar. Por lo general, el quiste deja de crecer cuando el niño alcanza la madurez, y luego se rellena gradualmente con hueso normal y desaparece.
Los médicos clasifican los quistes óseos unicamerales en función de si el quiste se desarrolla junto a una placa de crecimiento.
- Activos. Estos quistes están en contacto con la placa de crecimiento. Pueden crecer hasta alcanzar un tamaño suficiente como para debilitar el hueso y provocar una fractura. Un quiste activo puede extenderse hacia la placa de crecimiento y dañarla, lo que puede provocar una deformidad ósea o una diferencia de longitud entre las extremidades.
- Latentes. Estos quistes no están en contacto con la placa de crecimiento. A medida que el hueso crece, la distancia entre la placa de crecimiento y el quiste latente aumenta.
Causa
Se desconoce qué provoca la formación de quistes óseos unicamerales. Probablemente, a medida que el hueso crece, el cuerpo deposita accidentalmente tejido inadecuado o una membrana quística que se llena de líquido.
Síntomas
La mayoría de los quistes óseos unicamerales no causan síntomas y se descubren de forma fortuita (por casualidad). Esto ocurre cuando se realiza una radiografía u otra prueba por un problema no relacionado y el quiste se observa en la radiografía.
Algunos quistes se detectan después de que se produce una fractura ósea. Los huesos están formados por:
- Una capa externa resistente y densa denominada corteza.
- Un hueso interno blando y esponjoso denominado hueso trabecular. El hueso trabecular se encuentra en el interior del canal intramedular (también conocido como cavidad intramedular o espacio intramedular) del hueso.
Un quiste crece en el espacio intramedular. A medida que crece, puede hacer que la corteza ósea se vuelva más delgada y debilitar el hueso con el tiempo, lo que aumenta el riesgo de fractura. Dado que no causa síntomas, un hueso debilitado por un quiste puede romperse con una lesión leve, como una caída desde la altura de pie. Este tipo de fractura se denomina fractura patológica.
En casos menos frecuentes, el paciente puede notar un bulto indoloro si el quiste ha provocado un agrandamiento del hueso en una zona concreta.
Revisión médica
Para confirmar el diagnóstico de quiste óseo unicameral, el médico solicitará pruebas de imagen, sobre todo radiografías.
Radiografías
Las radiografías proporcionan imágenes nítidas de estructuras densas, como los huesos, y suelen mostrar bastante bien un quiste óseo unicameral. En la mayoría de los casos, una radiografía simple es la única prueba de imagen que necesita el médico para diagnosticar un quiste óseo unicameral.
Diagnóstico diferencial
En ocasiones, es necesario realizar pruebas de imagen adicionales para distinguir un quiste óseo unicameral de otro quiste óseo benigno frecuente: el quiste óseo aneurismático (QOA).
Aunque en una radiografía puede parecerse a un quiste óseo unicameral, un quiste óseo aneurismático está formado por un conjunto de quistes llenos de sangre. Este tipo de quiste puede llegar a alcanzar en ocasiones un tamaño considerable y provocar una deformidad grave en el hueso. Los quistes óseos aneurismáticos y los unicamerales requieren métodos de tratamiento diferentes, por lo que es importante que el médico sepa qué tipo de quiste padece el paciente.
En algunos casos, es posible que se solicite una resonancia magnética (RM) o una tomografía computarizada (TC) para obtener imágenes más detalladas del quiste.
- Una resonancia magnética de un quiste óseo aneurismático mostrará múltiples cavidades llenas de líquido.
- Una resonancia magnética de un quiste subcutáneo mostrará una única cavidad llena de líquido.
Si estas pruebas no permiten determinar el diagnóstico con claridad, puede ser necesario realizar una biopsia. En una biopsia, se extrae una muestra del líquido que contiene el quiste y se examina al microscopio.
Tratamiento
Para determinar el tratamiento adecuado, el médico tendrá en cuenta una serie de factores, entre los que se incluyen:
- El tamaño del quiste
- La resistencia del hueso
- El nivel de actividad de su hijo
- Cualquier síntoma que pueda presentar su hijo
Si un quiste es pequeño y no causa síntomas, a menudo basta con mantenerlo en observación. Si un quiste es lo suficientemente grande como para que exista el riesgo de que el hueso se rompa con un impacto leve, la cirugía es una opción para reducir ese riesgo.
Si el hueso ya ha perforado el quiste, la fractura suele curarse sin necesidad de cirugía. Algunos quistes (aproximadamente el 25 %) se curan por completo junto con la fractura. Si el quiste sigue presente una vez que la fractura se ha curado, es posible que se recomiende una intervención quirúrgica para evitar otra fractura.
Tratamiento no quirúrgico
Observación. En algunos casos de quiste óseo unicameral, el tratamiento consiste en una observación cuidadosa a lo largo del tiempo. Es posible que el médico decida realizar radiografías periódicas para controlar cualquier cambio en el quiste.
Modificación de la actividad. Si su hijo no practica mucho deporte ni otras actividades de alto riesgo, el riesgo de fractura será menor. El médico puede optar por mantenerlo en observación y recomendarle que mantenga un nivel específico de actividad hasta que su hijo haya terminado de crecer y el quiste haya desaparecido.
Tratamiento quirúrgico
El médico puede recomendar una intervención quirúrgica si el quiste:
- Doloroso
- Cada vez más grande
- En un lugar que podría provocar una fractura
Se ha demostrado que varios tipos diferentes de intervenciones dan buenos resultados.
Aspiración e inyección. En este procedimiento, se introducen agujas en el quiste para drenar el líquido. A esto se le denomina aspiración. A continuación, se inyectan sustancias en el quiste para reducir la probabilidad de que vuelva a aparecer. En ocasiones, se realiza una serie de inyecciones a lo largo de varios meses.
Curetaje e injerto óseo. En esta intervención, se aspira el quiste y, a continuación, se raspa el hueso para extraerlo. Tras el curetaje, el médico puede rellenar el hueco con un injerto óseo; se trata de hueso extraído de un donante (aloinjerto) o de otro hueso del propio cuerpo de su hijo (autoinjerto). El médico también puede utilizar una mezcla de cemento óseo para rellenar el hueco.
En ambas opciones quirúrgicas se suele recurrir a la anestesia general (se duerme al niño). Además, ambas opciones suelen realizarse de forma ambulatoria, lo que significa que los pacientes pueden volver a casa tras un periodo de observación en la sala de recuperación.
Recuperación
El tiempo que se tarda en retomar las actividades cotidianas tras la intervención quirúrgica variará en función del tamaño y la ubicación del quiste. La mayoría de los pacientes pueden volver a su actividad habitual en un plazo de 3 a 6 meses. El médico proporcionará instrucciones específicas para guiar la recuperación.
Resultados
Independientemente del método de tratamiento elegido, los quistes óseos unicamerales reaparecen en el mismo lugar entre el 25 % y el 50 % de las veces. Por lo general, cuanto más pequeño sea el niño en el momento del tratamiento, mayor será la probabilidad de que el quiste vuelva a aparecer. El médico de su hijo programará radiografías periódicas y citas de seguimiento para comprobar si se produce una recidiva.
Una vez que el niño ha alcanzado la madurez, estos quistes suelen dejar de crecer y se rellenan de hueso.
Investigación en el horizonte
- La causa de los quistes óseos unicamerales sigue siendo desconocida, pero se sigue investigando en el marco de estudios en curso.
- Otras investigaciones tienen como objetivo desarrollar mejores agentes para inyectar en los quistes y evitar que vuelvan a aparecer.
Los investigadores también están tratando de descubrir formas de prevenir la formación de quistes subcutáneos.
Contribución y/o actualización a cargo de
Revisado por pares por
La AAOS no respalda ningún tratamiento, procedimiento, producto ni médico mencionado en este documento. Esta información se facilita con fines educativos y no pretende constituir un consejo médico. Cualquier persona que necesite asesoramiento o asistencia ortopédica específica debe consultar a su cirujano ortopédico o buscar uno en su zona a través del programa «Buscar un ortopedista» de la AAOS, disponible en este sitio web.