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Fractura cervical (fractura de cuello)

Las vértebras cervicales (cuello) están formadas por siete huesos. Estos sostienen la cabeza y la unen a los hombros y al resto del cuerpo. Una fractura en una de las vértebras cervicales se conoce comúnmente como «fractura de cuello».

Las fracturas cervicales suelen ser consecuencia de traumatismos de gran intensidad, como accidentes de tráfico o caídas. En las personas mayores, incluso las caídas a nivel del suelo, como caerse de una silla, pueden provocar una fractura cervical. Los deportistas también corren riesgo.

Una fractura cervical puede producirse si:

  • Un futbolista «embiste» a un rival con la cabeza
  • Un jugador de hockey sobre hielo recibe un golpe por la espalda y se estrella contra la valla
  • Un gimnasta falla en la barra fija durante un movimiento de soltada y se cae
  • Un buceador toca el fondo de una piscina poco profunda

Cualquier lesión en las vértebras puede tener graves consecuencias, ya que la médula espinal —la conexión del sistema nervioso central entre el cerebro y el cuerpo— discurre por el centro de las vértebras. Las lesiones en la médula espinal son muy graves y pueden provocar parálisis o la muerte. Una lesión en la médula espinal a la altura de la columna cervical puede provocar parálisis temporal o permanente de todo el cuerpo, desde el cuello hacia abajo.

Respuesta ante emergencias

En caso de traumatismo, se debe inmovilizar el cuello (mantenerlo fijo para que no se mueva) hasta que se hayan realizado las radiografías y un médico las haya revisado.

El personal de emergencias médicas (técnicos de emergencias médicas o paramédicos) actuará como si cualquier persona inconsciente tuviera una lesión cervical. El paciente puede sufrir un estado de shock y una parálisis temporal o permanente.

Los pacientes conscientes con una lesión cervical aguda pueden presentar o no un dolor cervical intenso. También pueden sentir dolor que se extiende desde el cuello hacia los hombros o los brazos, debido a la presión que ejerce una vértebra sobre un nervio. Puede haber hematomas e hinchazón en la parte posterior del cuello.

El médico de urgencias realizará un examen neurológico completo para comprobar si la función nerviosa se ha visto afectada y puede solicitar pruebas de imagen adicionales, como una resonancia magnética (RM) o una tomografía computarizada (TC), para determinar la gravedad de la lesión.

Tratamiento

El tratamiento dependerá de cuál de las siete vértebras cervicales esté dañada y del tipo de fractura que presente el paciente.

  • Una fractura leve se puede tratar con un collarín cervical que se debe llevar puesto entre 8 y 12 semanas, hasta que el hueso se cure.
  • Una fractura más grave, compleja o extensa puede requerir tracción, cirugía, entre dos y tres meses con una férula rígida, un chaleco halo o una combinación de estos tratamientos.

Prevención

Las mejoras en el equipamiento deportivo y los cambios en las normas han reducido el número de fracturas cervicales relacionadas con la práctica deportiva. Puedes contribuir a protegerte a ti mismo y a tu familia si:

  • Lleva siempre puesto el cinturón de seguridad cuando conduzcas o viajes como pasajero en un coche.
  • Nunca te lances al agua en la zona menos profunda de la piscina ni en ningún lugar donde no puedas ver la profundidad. Asegúrate de que los jóvenes estén debidamente supervisados cuando naden o se tiren al agua.
  • Utiliza el equipo de protección adecuado para tu deporte y respeta todas las normas de seguridad, como contar con un compañero que te vigile y con colchonetas de amortiguación adecuadas. Si juegas al fútbol, utiliza la técnica correcta para realizar placajes.
  • En el caso de las personas mayores, revisa su hogar para asegurarte de que el entorno sea seguro. Pequeños cambios, como fijar las alfombras con cinta adhesiva y colocar dispositivos de ayuda (por ejemplo, pasamanos) cerca de los inodoros y las duchas o bañeras, pueden ayudar a reducir el riesgo de caídas. Más información:Directrices para la prevención de caídas

Contribución y/o actualización a cargo de

Dra. Catherine Renee Olinger, miembro de la FAAOS

Revisado por pares por

Dra. Julie E. Adams, miembro de la FAAOS

La AAOS no respalda ningún tratamiento, procedimiento, producto ni médico mencionado en este documento. Esta información se facilita con fines educativos y no pretende constituir un consejo médico. Cualquier persona que necesite asesoramiento o asistencia ortopédica específica debe consultar a su cirujano ortopédico o buscar uno en su zona a través del programa «Buscar un ortopedista» de la AAOS, disponible en este sitio web.